sábado, 22 de junio de 2013

La quimera del pan y otros relatos

Muy buenas queridos amigos cibernéticos:

Para el que no se ha enterado, el pasado 11 de junio tuvimos el gran placer de publicar el primer trabajo en papel. Se titula "La quimera del pan y otros relatos". Se trata de un pequeño libro de relatos de temática similar a los que estos últimos años han ido desfilando por La isla sin Camarón. 

Comienza con una historia original escrita para la ocasión y que presta su nombre al libro, que trata sobre las vicisitudes que le ocurren a un hombre para lograr llenar el buche y lo complicado de su situación. A esta historia le acompañan dos más, tituladas "Vivir escribiendo" y "Pedro a las puertas del cielo". 

Además, los relatos cuentan con dibujos originales del pintor canario Himar Suárez, que ilustran las historias de manera magistral. La portada está realizada por Fernando Redondo, quien le ha dado un aire personal a la misma, siguiendo los patrones marcados por Alexander Rodchenko de sus carteles soviéticos. Por último, el prólogo ha sido escrito por Daniel Redondo, quien gentilmente a juntado algunas letras para el momento de su publicación. Agradecer públicamente a ellos y a algunas personas más, por su desinteresada colaboración para que este libro se convirtiera en una bonita realidad. Esperando que sea el primer escalón de otros muchos proyectos.

Con todo el entusiasmo posible y mucho cariño, espero que les guste. Y, si tienen ganas, agradezco de todo corazón cualquier comentario, sugerencia, opinión, apostilla, crítica, nota, interpretación, alusión, observación... o lo que les venga en gana. Será recibida con los brazos abiertos. Es mi primera incursión y estoy trabajando en algo diferente, así que cualquier comentario, sugerencia, opinión, apostilla, crítica, nota, interpretación, alusión, observación... me vendrá de lujo para este cercano futuro.

Gracias por estar ahí y haber estado aguantando el peso de mis letras durante los últimos 3 años.

Abrazos y salud para todos.

Quique R.
La isla sin Camarón



Lo pueden adquirir por 8 euros en Canaima.
Calle Senador Castillo Olivares, 7. Las Palmas de GC.


La quimera del pan y otros relatos.

miércoles, 1 de mayo de 2013

A veces cuando escribo


A veces me excito sintiendo mi promiscuidad en las letras, mientras voy devorando renglones sin masticar. Los engullo buscando una relajada digestión en la que degusto mi ilusión.

Otras, en cambio, me cuestiono cada vez que giro sobre mis pasos, me pierdo pisando charcos y maldiciendo cada tilde que mi pluma ha escupido.

Hay momentos sensacionales, en los que me balanceo de izquierda a derecha, dejando que las ideas desciendan plácidamente por mi brazo hasta el papel, posándose taciturnas, y dibujando en su reflejo una leve sonrisa a mi rostro. Son ocasiones en las que después de un coma insondable, con un leve chascar de dedos, comienza a escucharse una melodía armoniosa donde antes sólo hubo silencio y recelo.

Pero lo más habitual, es que el ensayo acabe en frustrante error iracundo de difícil asimilación, obstruyendo mi orgullo y dejándolo en un profundo vacío literario. Las palabras me esquivan, torean mi obstinación y sacuden mi vanidad.

Y es que por momentos caigo, y me quedo en el suelo, por momentos me levanto, e incluso llego a levitar. A veces escribo con los ojos cerrados, y otras el hastío seca la tinta que alguna vez llegó a tener un triste sabor salado.

A veces me olvido de las letras, observando como el folio encoge. Y otras, simplemente dejo que sea el lápiz el que alumbre mi vereda. Escribo por necesidad y algunas veces lo hago por placer.

Vista del Roque Nublo desde el Roque Bentayga.
Mayo 2012. La Isla sin Camarón.

miércoles, 24 de abril de 2013

Vivir escribiendo


El escritor sintió un fuerte dolor en el brazo derecho, seguido de una aguda punzada en el corazón. Cayó al suelo mientras entre gemidos se retorcía de angustia. Hacía bastante tiempo que los médicos trataban de prevenir un trágico final advirtiéndole en numerosas ocasiones. Pero siempre fue de buen comer y tenía muy claro como pensaba disfrutar de su vida.

Al abrir lo ojos, un suntuoso salón hacía las delicias de los invitados. Sintió como si algo le estuviera empujando hasta traspasar el amplio marco de entrada.

Una vez dentro, se produjo un silencio sepulcral. El numeroso público que lo rodeaba se quedó instantáneamente expectante clavando sus miradas sobre él. Se sintió paralizado unos momentos cuestionando que fiesta era esta. Y le invadió un extraño sentimiento de familiaridad con toda aquella gente, como si de alguna manera conociera bien a cada uno de ellos. Se contaban por centenas.

Al momento, un caballero de avanzada edad se le acercó a su derecha y, con una voz que invitaba a seguirlo hasta el fin del mundo, lo saludó cortésmente. Parecía conocerlo bien.

Muy buenas, contestó completamente desorientado. ¿Dónde estoy?, ¿Quiénes son todos ustedes?, ¿Cómo he llegado hasta aquí?... Tratando de entender, lanzaba preguntas atropelladas sin dar tiempo a réplica por parte del caballero que le miraba, a su derecha, con paciencia.

Cálmese, está en el lugar mejor que pueda imaginar. Toda esta gente ha venido hasta aquí por usted, al igual que yo.

¿Cómo dice…?, no entiendo. Respondió el escritor tratando de unir piezas.

Así es, todos están aquí para homenajearlo; a fin de cuentas ha sido usted quien los ha creado. Y seguramente, si cierra los ojos sabrá incluso quien soy yo.

El escritor, tomándose unos minutos para asimilar la situación, comenzó a fijar su mirada en la gente que, aún en silencio, le rodeaba. Advirtió como en primera fila se encontraba la señora Marquesa que había protagonizado un pequeño relato de su juventud, lo supo por su aspecto y por estar junto a un elegante mastín que la protegía.

Así fue, poco a poco, reconociendo a todos los presentes, empezando por los niños mágicos de sus cuentos en la isla de San Borondón, tal y como los había imaginado. Se topó con personajes que ya casi había olvidado a lo largo de una vida de escritura; y así fue como uno por uno se fue reencontrando con ellos: el señor Valentín (el quesero, si no recordaba mal), la tierna niña de los rizos de oro y ojos color verde helecho, al viejo encofrador que helaba con su profunda mirada, al bueno de Pedro Curbelo, el denigrado boxeador cubano, el saxofonista, al príncipe y la corista, y hasta los hermanos Martín, amigos de lo ajeno.
Cuando hubo reconocido a muchos de ellos se detuvo, queriendo saber quien era la persona con la que hablaba. Esta le dijo que cerrara los ojos y se imaginara alguna de sus novelas. No precisó mayor ayuda. Se trataba del narrador que tantas veces había estado en su cabeza, colaborando, letra a letra, a componer las más variopintas historias. Su más fiel aliado, con el que mantuvo no pocas  discusiones a lo largo de su carrera literaria.

El narrador, sabiendo que ya le había reconocido, y conociendo la confianza que en él depositaba, le susurro:

<<Tienes la oportunidad de volver, y seguir creando un maravilloso universo de personajes e historias de las que algún día disfrutarás. Pero no hoy>>

El escritor, de un sobresalto abrió los ojos despertando en una camilla de hospital. Únicamente deseaba tener a mano un papel y regresar a vivir escribiendo.





Jardín botánico Viera y Clavijo.
Febrero 2012. La Isla sin Camarón

lunes, 11 de marzo de 2013

Las bestias que dominan el país


Estas últimas semanas hemos asistido a otra demostración de lo dantesca que puede llegar a ser la actividad política en nuestro herido país. El caso Bárcenas, uno más dentro de una continua escalada de corrupción que no parece tener fin, demuestra hasta dónde pueden llegar estos señores sin tener el más mínimo pudor.

El susodicho ha protagonizado sin rubor un hilarante monólogo del club de la comedia en el que no han faltado chascarrillos con los que salpimentar, las ya no tan secretas y absurdas cuentas de los partidos políticos, de frases y hechos que podrían ser el guión de una película del gran Berlanga.

El espectáculo está en lo más alto y los actores se sienten bien en su papel: que si los continuados viajes a Suiza eran a esquiar (jaja), que si los donativos a las arcas de la calle Génova son de manera altruista (jaja), o que Dolores Cospedal declarase que el extesorero no poseía un despacho en el partido popular, sino un “sitio” en el que movía su ábaco de cuentas de dinero negro, perdón de contabilidad B (¡¡bravo!!, grita el público español).

¡¡¡Estoy harto de que se insinúe que mi fortuna ha salido de los fondos del partido, ha ido creciendo por medio, entre otras causas, de transacciones con obras de arte!!!, grita dolido el Sr. Bárcenas ante el clamor de la función de hoy.

Rajoy, necesitado de su cuota de protagonismo cómico, sentencia: las cuentas de Bárcenas son todo mentira… salvo alguna cosilla… (jaja). ¡Otra, otra, otra!… se escucha desde el gallinero.

Todas estas bestias hambrientas de lo ajeno, se nutren al poseer no solo nuestro capital, sino también nuestra opinión. Acostumbrados durante años a enriquecerse vilmente con la complicidad del ciudadano que aplaude al que demuestra ser más “pícaro”, hemos creado a un ser superior. Otorgándose una potestad, que han tomado como absoluta; creyéndose habilitados a torear las leyes, la moralidad, los ciudadanos, la educación y bailar con la corrupción o prevaricación como el pan de cada día.

Los políticos podridos se multiplican (en todos los partidos cuecen habas), los puestos de poder hermanados con el capital conviven con toda clase de tiburones, que no quieren tirar de la manta a su homónimo, no sea que se les destapen los pies. Entidades financieras con intereses en ejecutar hipotecas o desahuciar, empresariado acostumbrados a defraudar y nadar en paraísos fiscales con consentimiento estatal, procesos judiciales que se alargan hasta caer en el olvido colectivo (costas y lentitud judicial que pagamos todos), fraudes, escándalos, corrupción, corrupción y más corrupción.

Estas bestias, que vimos crecer venturosamente y de la que todos somos culpables, en mayor o menor medida, se contonean sonriendo en trajes caros mientras las generaciones más jóvenes pasamos serios problemas para labrarnos un futuro.

Unas generaciones, de futuro incierto, poco implicadas con la lucha social por las comodidades que nos han hecho creer que poseeríamos indefinidamente. Jóvenes necesitados de estímulos para plantarle cara a este sistema de mentira, que premia a mediocres sin conciencia. Precisan valores sinceros que les motiven. Semillas que empezaron a plantarse en significativos movimientos sociales en los últimos tiempos. Unas generaciones que precisan que germine su disputa lo antes posible plantándose en contrapunto real a las actuales bestias.

Unas generaciones que aprieten por primera vez los puños y hagan agachar la cabeza a los dueños de nuestra sociedad. Sonrojen a los amorales, y hundan a las bestias que controlan nuestro país.

Sospecho que ese día se acerca y como un joven más que mira el horizonte cargado de temor, me rebelaré aventurando una realidad, como mínimo más justa y honrada. Una realidad en la que los que están arriba, gobiernen por el bien de todos.

Viñeta extraida de la web rokambol.com. Marzo 2013.


Escrito por Enrique Redondo. Marzo 2013.

domingo, 3 de marzo de 2013

El bailaor


Ante el tendido, el veterano bailaor mira con frialdad las pobladas gradas. Sus pasos firmes, cargados de pasión hielan el ambiente. La magia comienza con sólo entrar en escena. Sombrero de ala ancha, pelo oscuro ceñido a media altura. Barbilla altiva y camisa con bordados blanca a pecho descubierto. A un lado, el maestro acaricia con pericia las seis cuerdas de una guitarra española. Lo acompaña un cajón y varios palmeros.

Se disuelve el aire distendido. El flamenco arranca. El bailaor abre su alma y en el silencio tensa sus músculos, dibuja épicas figuras cargadas de magnetismo. Su cuerpo galopa fundiéndose en la música.

Los jóvenes anhelan conseguir su estatus, lograr que con un gesto se levante el plantío enarbolando pañuelos blancos que rindan pleitesía a su arte. Furtivos susurros al oído que evidencian el duende del artista. Gritos eufóricos a piel descubierta. Cual corcel brioso en gráciles saltos sacude los sentidos.

Las mujeres suspiran ante su encanto. Hipnotizadas por el embrujo de los contundentes movimientos acentuados por la intensidad de los músicos. Sueñan en secreto con sentir la pasión en sus carnes. Bombean de sus corazones pasión gitana ante la magia desparramada en el tablao.

Al finalizar cada función. El bailaor se sumerge en su isla de soledad, en perenne melancolía. El camerino es la cueva en la que se oculta hasta la próxima sesión. Otro pase regresará y tendrá una nueva oportunidad de dejar el alma en las tablas, a morir en su arte.

Quién lo conoce sabe que en cada actuación va muriendo poquito a poco. Puede que sea cierto que el tiempo lo cure todo. En su corazón, más que una enfermedad, existe un vacío. Y es que en su caso, como en las más bellas historias de amor, su gitana marchó prematuramente. Un vacío del que sólo se olvida bailando. Y lo justifica con arte flamenco tras cada actuación que sentencia: “me queda una menos para volver a reunirme con ella”.

Se mira en el espejo. Traga saliva y con pasión vuelve al escenario a hacer lo que mejor sabe. 

Atardecer en la playa de Las Canteras. Febrero 2013.
La isla sin Camarón.

domingo, 24 de febrero de 2013

La noche en la que casi conocí a un héroe


En las inmediaciones de la “Casa de la música”, en la ciudad colonial de la Habana, se agolpan a diario asistentes ansiosos de pasar la noche en un mítico local cubano. En la cola de espera, se entremezclan bailarines locales, turistas, jineteras o cualquiera que con un poco de ingenio acostumbre a sacarle unos pesos al cándido extranjero de turno.

Los porteros, cómplices del paralelo negocio callejero, ralentizan el paso de los asistentes al local, sobretodo si estos son extranjeros. Así mismo, ofrecen entradas preferentes sin necesidad de esperar… a cambio, claro está, de una comisión económica en mano. Cualquier rasgo inequívoco de titubeo, es aprovechado con pericia por un auténtico habanero.

Entre esta corte de personajes ambiguos, llamó mi atención un joven mulato. Éste, se acercó hasta mi posición, seguro de su imponente porte y labia caribeña. Y en una forzada pero amable conversación, me abordó. Se trataba, según alegaba, de una joven promesa deportiva que ese mismo verano del 2012, quedó excluido de la selección nacional debido a una inoportuna lesión, causada en una disputa callejera.

En su tabique destrozado no escondía las evidencias, más que notorias, que apoyaban su versión como profesional del boxeo. La acompañó, explicándome el lugar donde se produjo dicha lesión; una de las falanges de su mano derecha. Visiblemente deformada con respecto al resto.

Ahora, repudiado por la selección olímpica del deporte nacional por antonomasia, debido a su indisciplina, se ganaba la vida como podía. En ocasiones, manejando un taxi ilegal o, en otras (tal y como me temía desde el saludo inicial), utilizando su ingenio y encanto... A partir de entonces, como todo cubano, debería luchar por sus cuartos fuera del ring.

La conversación se alargó por momentos, en ocasiones también yo me sinceré, pues ya no le sentía un extraño. Hasta que, de improviso, el portero de la “Casa de la Música” debió percatarse de que; no le iba a comprar una entrada preferente; no estaba atento a las jóvenes que rondaban la zona; era evidente que había perdido esa candidez de extranjero novato; y decidió que ya no debía hacer más tiempo cola.

En pocos segundos, el boxeador degradado se apresuró. Dijo su nombre, trató de vender unos auténticos puros habano, y se despidió, apretando enérgicamente con sus manos la mía, débil y blanquita en comparación. Ahí se disipó cualquier duda que pudiera albergar aún entorno a su profesión.

Hoy en día, no recuerdo su nombre, y a duras penas podría dibujar su cara, pero me gusta pensar que en el verano de las “Olimpiadas de Londres” del 2012, en el que Roniel Iglesias consiguió el oro en boxeo para Cuba, yo conocí a quién pudo haber sido el héroe nacional del momento. El héroe nacional de un deporte que en Cuba, es casi religión.

Vedado, la Habana. Agosto 2012. La isla sin Camarón.



miércoles, 6 de febrero de 2013

¿Se ríen de nosotros?


Reflexiones de un tío que duerme poco

A nadie se le escapa que vivimos una época muy difícil, una etapa en la que sin entender muy bien los motivos parece que a muchos se nos ha querido robar la capacidad de soñar. La economía, esa ciencia del todo inexacta y completamente politizada que nos han pretendido colar como el único factor para alcanzar la felicidad, realmente domina nuestra vida y, al parecer, nuestro futuro. No es de extrañar claro, nos saturan con los malos datos económicos: los precios por las nubes, las cada vez más alarmantes cifras de desempleo, los inmorales desahucios, los negocios que se ven obligados a cerrar, traducidos todos ellos en ilusiones que se destruyen y en puñaladas a la esperanza.

La situación empeora cuando observamos impotentes como las políticas actuales parecen encaminadas prioritariamente a mantener los privilegios de las oligarquías políticas, financieras y monopolistas, desangrando aún más a la sociedad civil, es decir a nosotros, y a la vez solo parecen agravar la crisis, esa que nos prometieron en 2010 que había desaparecido. Privatizan la sanidad y la educación, eliminan partidas esenciales en los presupuestos, y los destinan mayoritariamente a cubrir los intereses de la deuda pública española, mientras que un elemento se mantiene imperturbable: la corrupción. Nos piden comprensión y solidaridad para un supuesto esfuerzo equitativo y absolutamente obligatorio, sin embargo da la sensación de que a cambio lo único que persiguen es reírse de nosotros. Reclaman austeridad, pero una austeridad mal entendida, pues lógicamente sin crecimiento no hay producto, y para que haya crecimiento debe fomentarse la actividad. Recortar  en vez de racionalizar partidas dejando de lado políticas sociales y de crecimiento tan solo supondrán denigrar aún más a las economías domésticas, y por extensión mayores niveles de pobreza en nuestra sociedad. De seguir así, menguando nuestra ya débil economía, quizás caigamos en un pozo del que difícilmente podamos salir más adelante, no hace falta ser economista para saber esto.



Nunca he sido de los que busca culpables, pues siempre he creído que acusando sin buscar soluciones poco se consigue en esta vida. Ahora bien, al observar perplejo los últimos acontecimientos, tan solo sientes rabia e impotencia pues en un vaso que ya estaba de sobra sobrepasado, de repente surge un tsunami desolador, sin conocer además qué será lo siguiente. Aún sin confirmarse este penúltimo caso de corrupción, me invade una inseguridad demoledora e infinita, ya que en un país con casi seis millones de parados y la pobreza avanzando inexorable, contemplamos atónitos como aquellos que deberían ayudarnos a sobrevivir a esta crisis, incumplen lo pactado e ignoran su responsabilidad para con nosotros. Cierto es que el papel lo aguanta todo, pero espero encarecidamente que este no caiga en papel mojado. Necesitamos un soplo de aire fresco en nuestro panorama político para superar esta crisis en un principio económica, que como todos sabemos ha derivado y sacado a la luz una crisis que alcanza lo moral. La sociedad política nos aplasta vilmente, y olvidan que sin nosotros no hay Estado legítimo. Grave error. Hace falta un nuevo pacto, un nuevo contrato entre el individuo y el Estado, pues este modelo está quemado. No funciona. Si queremos escapar del agujero se ha de dar un paso más, mediante nuevas herramientas que nos sitúen otra vez en la senda del crecimiento y del progreso. Un modelo pragmático y eficiente ajeno a ideologías irrelevantes.

Cierto es que esto no ha hecho más que empezar y nadie sabe cómo acabará, pero es ahora cuando sus interminables escándalos les han puesto en jaque (Gobierno, oposición, monarquía, sindicatos, patronal…), abriendo una puerta al cambio. Una nueva constitución, un nuevo régimen electoral, un nuevo modelo territorial…, todo un volver a empezar mediante el debate, en el que retomemos las riendas de la situación y de nuestra vida, hasta ahora bajo el yugo de la maquinaria del Sistema. No caigamos en la rutina y la pereza, no sucumbamos al miedo del cambio, pensemos en quienes somos y en que queremos, y digámoslo bien alto sin olvidar que hay que escuchar lo que tengan que decirnos aunque no lo compartamos. De lo contrario mantendremos la obsoleta dinámica de siempre, que nos ha llevado a este colapso sin que nada podamos hacer para remediarlo. Quizás sea un inocente, pero aún guardo la esperanza en que todo esto marque de algún modo el final de una era y el comienzo de una nueva.

“Curiosamente los votantes no se sienten responsables de los fracasos de los gobiernos que han votado”. Alberto Moravia, escritor y periodista italiano.



Escrito por Iván Monzón. 6 febrero de dos mil trece.

Portada de esta semana de la revista
EL JUEVES - La isla sin Camarón


martes, 29 de enero de 2013

Pedro a las puertas del cielo


Pedro había sido un laborioso obrero en vida. Constante y sacrificado, nunca dejó de pagar ninguna de sus facturas.

Al llegar al cielo, se encontró ante sí una puerta. Que ironía, pensó, ¿será la conocida puerta de mi tocayo?

Tocó con calma y la conciencia limpia. Fiel a su terrenal existencia. Y al abrirse la puerta, asomó un tipo bajo, con una reluciente calva en el centro de la cabeza, gafas redondas y camisa de franela a cuadros.

-    Celestiales saludos y bienvenido al reino de los cielos.
-    ¿Es usted el conocido San Pedro?
-    Correcto, y… usted es…
-    Yo soy Pedro. Pedro Curbelo.
-    Ah sí, adelante. Espero que haya tenido una buena defunción.
-    Bueno, dentro de lo que cabe, no me puedo quejar. He muerto en mi cama, durmiendo y con una espléndida familia que me quiere.
-    Además, hizo usted el amor en su última noche.
-   Eso es cierto. Tiene razón. Esto superó mis expectativas con respecto a abandonar este mundo. Y ahora que estamos en confianza, ¿cree usted que he tenido una vida plena?
-  Es difícil baremar vidas desde aquí arriba. Además, hace tanto que yo la viví. Y fue tan efímera y entregada a la devoción que uno acaba por querer lo que no vivió. Que es mucho, y ahora, desde la distancia, lo sé. ¿De usted sabe lo que añoro Pedro?
-  Dígame, por favor, San Pedro.
-  Añoro su honestidad y el amor protector que ofrecía a los que le rodeaban. Tan simple.
-  ¿Ah sí?, pues no sabía que era así.
-  Es más, deje que le diga Pedro. En usted he visto esa humanidad sin esfuerzos que en ocasiones echo en falta en mi trabajo de “portero”. Me hubiera gustado imitarle en las ocasiones en las que solía ir a pescar con sus hijos. En una mueca cómplice con ellos guardaba el secreto de la felicidad que muchos no encuentran ni en cien vidas. Además, nunca tuvimos que enviarle tragedias o enfermedades para que valorara lo que tenía.
-  No sé. Nunca pensé que la felicidad fuera tan sencilla de encontrar.

Se hizo el silencio durante algunos minutos. En el cielo el tiempo pasa muy despacio. Hasta que Pedro, dirigiéndose a San Pedro le dice:
-  Y entonces… paso, o no soy apto para su "local".
-  Me parece que no me has entendido. Después de tantos años de fiel trabajo, del que por supuesto he disfrutado, has venido aquí para sustituirme. Eres la persona ideal. Y no te preocupes por nada, sabrás lo que tienes que hacer cuando llegue el momento, no puede haber un cargo más satisfactorio. Además, como suele decirse, no hay nada mejor que estar siempre con la cabeza en las nubes…



Lo mejor de viajar en Ryanair, es lo que hay afuera...
Abril del 2012. La isla sin Camarón.

domingo, 27 de enero de 2013

Rebelión en la granja. George Orwel


Hace unos días, el pasado 21 de Enero, alguien comentó que se cumplía el aniversario del fallecimiento de George Orwel. Me recordó lo mucho que me gustó en su momento su novela Rebelión en la Granja. En ella, se observan las nobles intenciones que se poseen cuando uno está en la oposición, y como el poder corrompe, acabando por convertirnos a todos en seres impulsados por el egoísmo y la codicia. En un plano metafórico nos relata la historia de una granja en la que los animales se rebelan ante el poder establecido por el granjero.

Los animales escriben en una pared las reglas que deben seguir para llevar a buen puerto su revolución. Estas son:
1. Todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo.
2. Todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es amigo.
3. Ningún animal usará ropa.
4. Ningún animal dormirá en una cama
5. Ningún animal beberá alcohol.
6. Ningún animal matará a otro animal.
7. Todos los animales son iguales



A George Orwell, escritor y periodista, combatiente en la guerra civil española, se le recuerda a su vez por otra de sus más reconocidas obras. La futurista 1984 en la que criticaba el control opresor del gobierno sobre la población. Es curioso que hoy en día se utilice su famoso término del gran hermano para embobar a las masas ante el televisor. En fin, que cada vez nos vamos acercando más a la sociedad alienada que ya vaticinó en su momento.

Espero que la disfruten y que tengan buena semana.

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Amigo, tenemos que vernos más



Vuelve a salir el sol en mi ciudad. El compás de los cuerpos hacia el desempeño, nos anuncia que ya queda atrás la aurora. Algunas consideraciones vagas me recuerdan lo desdichado que soy, y obligo a dibujar una sonrisa en mi gesto cansino. No es para menos.

Hoy, he vuelto a saber de ti. Alguien dijo que no te iba mal, que habías superado algunos obstáculos. Esos que la vida acostumbra a lanzarnos sin ton ni son. Me descubrí recordando, nostálgico, viéndote entre tantas sombras que pueblan mi memoria. Joven y seguro, mirando con optimismo el horizonte. Me alegró saber que seguías estando, que no eres un simple recuerdo.

En cuanto a los días, inevitablemente se nos caen del calendario. El calor ha dejado paso a las primeras lluvias. El agua no consigue limpiar el chaparrón de despropósitos que estamos viviendo. La clase política, cada vez tiene que ver menos con los que pisamos este mundanal escenario. Se alejan peligrosamente de la realidad, oponiéndose a dejar de bailar al son marcado por los reguladores capitalistas. Ni siquiera ante estas feas nubes que abruman nuestro panorama, los mercados dan un respiro a sus fines lucrativos.
 
Pero la función debe continuar. Nadie dijo que fuera fácil. La precariedad laboral e incertidumbre económica deberían ser tomadas con visión optimista. O no es mejor usar la creatividad, a quedarnos hundidos en un empleo toda una vida, convirtiéndonos en súbditos del trabajo monótono. Acaso no es esta, una inmejorable oportunidad de cambiar nuestro chip; el que obligaba a comprar el último modelo de coche alemán, por alternativas más económicas y respetuosas, como puede ser montar en bicicleta. Para qué plantearnos aspirar por una hipoteca, si en el edén, de nada sirven los bienes materiales. La vida es algo más que el vil metal.

"Levántense y gocen que la vida es corta,...".
Las cosas más bellas no tienen nada que ver con todo esto. En el camino debe estar el resultado. Así que voy a disfrutar de la vereda. No digo que vaya a vivir al margen de la realidad, eso no sería consecuente conmigo mismo. Simplemente observaré y mejoraré lo que esté en mi mano. Soplando en las velas de los sueños que me rodeen. Y dando la importancia que para mí tengan las cosas, no permitiendo que impongan mis prioridades.

 Ante todo, no dejaré que el desconcierto y la tristeza se adueñen de mi destino. Empezaré llamando a mi amigo. Le recordaré los tiempos en los que éramos más jóvenes, y el futuro siempre estaba aplazado. Repetiré que tenemos que vernos más. Y me alegrará saber que sigue ahí. De saber que se supera. De entender que podemos superarnos.

Por todos aquellos que día a día hacen que este mundo sea más bonito.

miércoles, 26 de septiembre de 2012

Amores musicados (soneto inglés)

A veces empujo una quimera,
el lápiz la alumbra en papel,
y mis pasos no dejan estela;
no son más que sueños a tropel.

Me bebo el vino a grandes tragos,
y olvido que ahora hace frío,
ahogo promesas y amagos,
es hora de soñar como críos.

Y ya dejé de cazar mariposas,
esto si es una falta, Quiquito,
soñemos de nuevo en esas cosas,
que convierten el amor en infinito.

Sellemos un pacto sincero, mezclando las almas con lo que tú pides, hagamos un trato y espero, que así nunca mais de mí te olvides.

Viva el buen vino, que es el gran camarada para el camino (Pío Baroja).
La isla sin Camarón.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Cuba. Reflexiones desde un avión que cruza el charco 2

       2.     Sociedad y cultura. El son cubano.

Cuba aún se encuentra viviendo, por sus calles, su magnífica arquitectura y sobre todo por su estancamiento económico, en aquella romántica época ya pasada que el tiempo se llevó para no volver. Sólo un paseo por cualquier población de este caribeño país nos servirá para entender esta afirmación.
Edificio de la calle Villegas en la Habana Vieja. Cuba.
En el casco antiguo de la capital del país, en la Habana Vieja, pude comprobar, y a continuación trataré de narrar, cómo imágenes cotidianas que se suceden a diario, producen impacto a lo ojos de un forastero por su sabor a tiempos pasados: “Con el alba, el anuncio del panadero se escuchó con estruendo cortando el silencio de súbito. Doblando por la calle Obispo, se incorpora a la calle Villegas, vociferando el anuncio de que un día más amanece. Mientras, los primeros rayos de sol tiñen de ocre las desvencijadas fachadas de la Habana. Sus callosas y activas manos, empujan un carro cargado de hogazas de pan recién horneadas, la ciudad se quita las legañas y comienza el trajín diurno”. Un episodio que no hace más que describir con sentida añoranza como el reloj se detuvo a mitad del siglo pasado en la añeja ciudad de la Habana. Impagable oportunidad de revivir escenas que, actualmente, no son más que fotos en blanco y negro de lo que ocurrió en la mayoría de grandes ciudades de este planeta.

En Cuba la música no se toca. Se siente y se baila. Se canta, y ante todo se manifiesta de todas las formas a la que los cubanos tienen acceso. A cada paso corremos el riesgo de toparnos con un guaguancó, una rumba, un son, punto cubano, bolero, salsa, o incluso reggaeton entre otras muchas expresiones musicales. Es difícil entrar en contacto con este país de manera impasible y disfrutarla como simple espectador. Los cálidos acordes te irán introduciendo en los ritmos caribeños que con el paso del tiempo se convertirán en la banda sonora de tu día a día. En mi memoria, cada pintura de este país está musicada. La música no dejó de sonar nunca, ni bajo la opresión de Fulgencio Batista, ni en los posteriores complicados momentos de la revolución. Y es que Cuba sin música… ya no sería Cuba. 
Músicos callejeros. Agosto 2012. Trinidad, Cuba.
Casa de la Música, Agosto 2012. Trinidad. Cuba












A ritmo percusionado de la clave cubana, el autóctono te atiende con cálido interés. Una ocasión para demostrar, nuevamente, que las ataduras del tiempo no rigen los compromisos del vecino isleño. Los patrones rítmicos marcan, a su vez, el devenir de una jornada repleta de sosegadas paradas, a la sombra de un almácigo o un cedro, huyendo del húmedo y abrasador sol. Es frecuente, encontrar alguno que se guarece bajo su manto, disfrutando de la fruta tropical: manga, fruta bomba, banano, guayaba o el coco.

En la “Plaza de Armas” de la ciudad habanera, se comprueba como la desesperanza del pueblo ha germinado en un carácter afable e inquieto, habituado a mirar el futuro con un obligado optimismo. Los tenderos, en el mercado de libros de segunda mano, hablan reposadamente sobre los errores del pasado, las viejas fórmulas fallidas, y de como la unión del pueblo les ha ayudado a superarse. El cubano, a diferencia de otros países, se ha acostumbrado a vivir con la necesidad, pero esto no les ha robado la sonrisa y el gesto afable.

Y es por esta necesidad, por la que, de los múltiples colonizadores, explotan lo bueno de sus legados; cereales, legumbres, tubérculos, hortalizas, café, arroz, maíz, cacao y sobre todo la caña de azúcar (proviene de América Continental), que antaño genero una riqueza de la que aún hoy podemos deleitarnos con su preciosa arquitectura (la mayoría de ella tristemente estropeada) y fabulosos vehículos (lo que sí parece increíble es que aún se muevan). Esto nos demuestra, que en este singular país, sus habitantes se conjugan con la necesidad, y acostumbran a tomar como suyas las más económicas herencias de subsistencia. Exprimiéndolas hasta hacerlas propias.
Una calle en la Habana, Cuba. Agosto 2012. La isla sin Camarón.
En pocas palabras; resulta imposible entender lo que es sentir Cuba hasta que uno no se da un sosegado paseo por el malecón habanero; transpira su húmedo clima; siente la brisa en Viñales disfrutando de sus imponentes “Mogotes”; se regocija con un chapuzón en una de sus extensas y caribeñas playas; goza del interior de la isla, cargado de densa vegetación; disfruta del atardecer en Trinidad sintiendo al cantautor local; o, simplemente se despoja del reloj y, con un mojito o cachánchara1 en mano, degustando un Montecristo, disfruta de una relajada conversación para celebrar que aún seguimos vivos.

Y es que, tal y como bien sentenció Compay Segundo [“No espero en un rincón la muerte, ella tiene que perseguirme”], acerca de su manera de entender la vida, así es como la disfrutan sus compadres. Porque en Cuba... no todo va a ser luchar.

Pintadas en las paredes de La Habana, Cuba. Agosto 2012

1 Cachánchara: Dulce bebida típica de la provincia de Trinidad compuesta por: ron, guarapo, jugo de limón y hielo.

viernes, 14 de septiembre de 2012

Reflexiones de un tío que duerme poco.

Parece que la aciaga noche se acerca, esa que, como tantas otras noches, te da la sensación de que va a ser interminable pues no estás muy seguro de cuándo volverá a brillar el sol. El futuro se vuelve turbio, sin sentido, dando cuenta de que la realidad imperante, esa que nos ha venido dada, cada vez se aleja más del paraíso prometido. Son tantas las cosas que se han perdido en el camino, tanto los sentimientos e ilusiones que se han vuelto vacíos, que llegados a este momento, ese en el que nos aproximamos a degustar el desconcertante sabor de la nada, nos sentimos desamparados, desprotegidos, caminando hacia el futuro incierto.

No puedo negar que en más de una ocasión pienso que todo se reduce a vivir siendo individuos alienados dentro de un gigantesco y, a veces, siniestro colectivo, pues mientras más veo y leo de economía, de política, de las elecciones, de rescates, de las declaraciones de nuestros dirigentes, de los sindicatos, de la patronal, del Banco Central Europeo, y, en definitiva, de la madre que los parió a todos, me invade una mayor desesperanza ante el sistema establecido. O nos movemos para buscar una salida, o nos vamos todos a la mierda. Un sistema que fomenta la desigualdad, sea del tipo que sea, en el que la idea es comernos los unos a los otros, y crear así un modelo de vida ¿es acaso un sistema? Joder, bien pensado me acojona. No queda duda que es la hora del cambio, aunque, si es verdad Quique, ¿queda algo de arena bajo los adoquines?

¿Alternativas?, pocas me temo. No hasta que aquellos que deciden sobre el resto se den cuenta de que la teta de la que maman es caduca. Es por eso por lo que yo, otra simple abeja de la colmena,  observo con desesperanza como nos vemos abocados al abismo. Sin embargo, a la misma vez grito: ¡¡basta!! Me niego a entrar en ese oscuro túnel, ese abismo en el que la nada nos ciega y oculta las cosas, y en donde, si nos dejamos engullir, se nos terminará separando de lo que realmente importa: las personas y las sensaciones que con su alegría y presencia nos dan vida y nos dan luz.

Lo cierto es que siempre habrán momentos buenos, y momentos malos, pero quiero ser yo quién decida a cual quiero dar más importancia, y he escogido primar al máximo a los primeros sobre los segundos. El reconfortante reflejo del sol desde mi ventana, el dulce aroma del Atlántico, las conversaciones y el cariño de los que te importan, una sesión de guitarreo entre amigos y copas, el agradable entretenimiento que nos proporciona el cine, la literatura y la música, un simple beso en los labios, el tacto buscando la ternura o ese justo momento en que decidimos al fin susurrarle un sincero te quiero. No permitamos que conviertan nuestra vida en un desgarro al rojo vivo, confundiendo a nuestras piernas cual es el camino que no debió huir nunca de nuestro lado, en el que el hombre siente cómo único futuro sus ojos llorando. ¡Basta!, alcancemos con nuestra inocente y más sincera mirada un nuevo camino. Quizás ahí, es donde radica la semilla del cambio, contrario al futuro incierto. Me despido de ti ahora, no sin antes citarte esa frase final de las Uvas de la Ira, escrito por John Ernst Steinbeck y que trasladó con acierto John Ford al cine, que siempre me ha fascinado, y creo apropiada:

“Nosotros somos los que vivimos. No podrán ni eliminarnos ni destruirnos. Persistiremos y resistiremos siempre. Somos el pueblo”

Escrito por Iván Monzón. 14 septiembre de dos mil doce.




viernes, 24 de agosto de 2012

Cuba. Reflexiones desde un avión que cruza el charco 1

Plaza de la Revolución. La Habana, Cuba. 17 Agosto 2012.
  1. Política. “Patria o muerte”.

    Mi primer contacto con Cuba me dejó vacío. De noche, la vía que conduce hacia la Habana carece de grandes luces y no deja disfrutar más allá de dónde alcanzan los faros de tu carro. La ciudad, en Centro Habana, se agazapa usando la luna como habitual compinche.

    "Rincón de los cretinos" en el museo de
    la Revolución. La Habana
    A la luz del día el cuadro es bien diferente; la isla se destapa complicada y contradictoria. La primera flecha de Cuba va directa al cerebro. Abruma, y es esencialmente política. Mensajes revolucionarios despiertan al visitante, al mismo tiempo que sirven para aleccionar al pueblo. Propaganda y frases meditadas que aluden al socialismo, al poder de una nación unida, al esfuerzo, al trabajo y sacrificio constante, a Camilo Cienfuegos, al Comandante y Jefe de Estado el eterno Fidel y su hermano Raúl Castro, a José Martí, y a muchos otros que lucharon por el régimen actual y contribuyeron a derrocar a Fulgencio Batista.
    Pero por encima de ellos, en estos carteles se recuerda la mitificada imagen de la revolución, al Ché. Idolatrado y explotado a partes iguales hasta la saciedad, Ernesto Guevara simboliza al hombre recto, luchador, honrado e idealista que moriría por sus convicciones. Por sus venas corría toda Sudamérica como un único pueblo libre. De improvisto, y en continuas conversaciones con cubanos de a pié, me susurraron que todos estos valores del Ché se echan, francamente, muy en falta y cada vez en mayor medida en el Comandante Fidel Castro y su corte de aduladores. Como todo personaje popular, las andanzas del Ché conllevan una legión de incondicionales al igual que feroces detractores. Sus opositores destacan su fuerte apego a la lucha armada como mediación de conflictos, su derramamiento de sangre o el fusilamiento indiscriminado al que sometía a sus detractores. 

Pintura del Ché por artista callejero. Trinidad, Cuba.
Consignas. Santa Clara, Cuba.

Cuba es diferente a cualquier concepto que entendamos como nación. Es libre ante el hombre del saco, encarnado a la perfección por el imperialista y consumista yanqui, quién somete a su antojo a gran parte de América latina. Pero a su vez, el comunismo ha llevado implícito una losa cada vez más pesada, que recae sobre sus compatriotas; bajo un régimen que dice otorgar el poder, por y para el pueblo, se auspician miserias y opresión sin reparos. Se silencian voces opositoras al poder establecido con sangre. Se restringen derechos al pueblo o se premia al “chiva”: como denominan en este país a los que en otro tiempo se ganaban el favor de la corte a costa de delatar a sus semejantes.
Pintadas en Santa Clara. Cuba.

Su política es un enigma constante y para un foráneo despierta amores y odios. No deja impasible dejando como resultado un complicado posicionamiento. En ocasiones parece difícil entender si es cierto que los medios justifiquen el fin. Y lo más importante, si es este el resultado que se interpretó desde los comienzos de la Revolución Cubana. Es decir, ¿es este el modelo en el que se encuentran el que mejor defiende al pueblo de presiones externas, lo libera del dictador gobierno y le otorga el poder legitimado de su rumbo? o, por el contrario, (y como en ocasiones entendí) el mensaje se ha ido tergiversando y corrompiendo, acabando por beneficiar a unos pocos por encima del bien común.

Entre los grandes fracasos que alejaron a Fidel del pueblo, por lo que pude comprobar en voces de los mismos, están la falta de comprensión, que continuamente han demostrado los dirigentes hacia sus problemas; la desaparición, en extrañas circunstancias, del Comandante Camilo Cienfuegos, pieza clave en la revolución y figura muy querida por el pueblo debido a su sencillez y cercanía; y los asesinatos o encarcelamiento de la mayoría del núcleo duro de la guerrilla que ayudó al cambio social-político por desavenencias con el Comandante y Jefe de Estado Fidel. No me gustaría dejar exclusivamente una idea negativa de la actual política del país. Es deber destacar como se ha logrado una sanidad gratuita para todos sus conciudadanos y de una altísima calidad, reconocida en todo el mundo; o una alfabetización sin antecedentes, de casi la totalidad de la población. En educación y cultura resulta complicado poner algún reproche. No así en otras cuestiones de suma importancia, que por hoy dejaremos al margen, y que bien podrían explicar los miles de ciudadanos cubanos exiliados.

El futuro de este país es francamente incierto. La naturaleza humana le ha tocado a las puertas del mismísimo Fidel. Demuestra signos de decrepitud y fatiga (incluso sus habituales columnas de opinión en el periódico revolucionario Gramma han desaparecido). Y por ello ha designado como sucesor a su hermano Raúl, en un desgarrado intento por alargar la vida del actual sistema, evitando, un irremediable cambio, pues Raúl se encuentra también en edad avanzada. La incógnita que se cierne sobre el pueblo cubano es grande y podremos ver si el cambio que sucederá a estos históricos tiempos mejora lo vivido. O, si dando la razón a la Revolución, los designios de este país son controlados por terceros con mayor poder económico.


El tiempo nos dará o quitará razones. Y así podremos comprobar si se cumple el vaticinio de Fidel, que en uno de sus certeros e históricos discursos, en su propia defensa, pronunció aquello de: “La historia me absolverá”.


Pintada frente al museo de la Revolución. La Habana. Cuba.