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domingo, 19 de octubre de 2014

Cuba. Reflexiones desde un avión que cruza el charco 3 (y fin)


3.      Conexión Canario-Cubana.
     
Músicos callejeros. Trinidad 2012. La Isla sin Camarón.

Dos años después, he decidido finalizar con la trilogía reflexiva sobre Cuba (Reflexiones desde un avión que cruza el charco 1 y Reflexiones desde un avión que cruza el charco 2) que desencadenaron mi periplo por la Isla. Delirios y pensamientos que me sacudieron el tiesto mientras cruzaba el Océano Atlántico de regreso y garabateaba en bolsas de vómito, a falta de otro papel en el que escribir. Así es como, sumando a estos desordenados apuntes algo de escasa memoria, finalizo este cuento de un lugar que da para hablar hasta aburrir y del que también inspiró un relato (La noche en la que casi conocí un héroe.) entre otras consideraciones/contradicciones...


martes, 3 de diciembre de 2013

El club del beso

A unas manzanas de mi colegio se cruzó en mi tierno destino un lugar mágico de los que sólo se ven en los cuentos. Un extraño día me adentré en "El caballero de la triste figura", librería que por su aspecto es posible que la hubiera puesto en pié el propio Cervantes.

La primera impresión, tras cruzar su estúpida puerta averiada, no pudo ser peor. Entre libros desordenados , polvo y escasa iluminación se encontraba, tras un diminuto pasillo recargado de novelas de aventuras, atlas del mundo y libros de Carl Sagan apilados debatiendo las leyes de la gravedad, un desaliñado mostrador del que a modo de altar emergía un bajito pero carismático dependiente.

Pidiendo explicaciones con un inexplicable lenguaje gestual acerca de qué coño hacías en su establecimiento, mantenía un atractivo duelo de miradas. Parecía probar a cada visitante para saber si era lo suficientemente duro como para entrar en su establecimiento. Como al tiempo supe, este malas pulgas diminuto era el dueño y señor de aquel extraño espacio. Se trataba de un antiguo mando de las falanges aferrado a los tiempos de la opresión franquista. Su nombre, Don Celestino, poco o nada tenía de ver con su carácter. Tenía una cara redonda y carnosa, algo enrojecida, y unas horribles gafas que no conseguían disimular unos ojos bañados en odio. Su ropa era sencilla y siempre tuve la sensación de que sólo tenía una camisa con la que vestía a diario; una deslucida prenda azul cielo de blancos botones muy parecida a la que utilizaban los barberos en aquel tiempo.

Tras ver el panorama, en mi primera incursión, decidí que no entraría más en aquella cueva en la que habitaba un auténtico ogro. O eso pensaba yo.

Unos meses después, en el habitual recreo que yo malgastaba jugando a un deporte que sólo me ha regalado lesiones, me fijé en una conversación que tenían varias compañeras de clase que se encontraban a un lado de la cancha. Hablaban sobre un club al que hacían llamar: "el club del beso". En ese momento me pareció un club maravilloso al que quería pertenecer y más al venir de los labios de la que era mi musa infantil. Tan inocente que éramos… al menos yo, claro.
La curiosidad pronto se apoderó de mí y decidí averiguar que era todo aquello. Cómo podría entrar a formar parte de un club tan especial y didáctico. Así que fui a la fuente más fiable del momento, el tertuliano de hoy encarnado en un niño de nueve años, Manuel Antonio. Y no me defraudó…

-Lo siento pero no me creo que en la mierda de la librería de Don Celestino esté el "club del beso". Además ese tío sólo besaría al Caudillo si lo tuviera delante, le dije contestando al informador con el mismo vacilón con el que yo creía que me pagaba.

-Tío no seas ingenuo -sí, ya sé que parecen dos adultos charlando, pero es lo que tiene la memoria, que modifica algunos recuerdos… además de que éramos bastante maduros para tener sólo nueve años para diez- no van a dejar entrar al club a todo el mundo. Ese tipo, es como si dijéramos, el guardián del club. El dragón que custodia a las princesas de los cuentos. Además, no viste nada porque es en el sótano. Vete a media tarde y directo al sótano. Si te dice algo dile que te manda Manuel Antonio.

Al cabo de unos días me armé de valor y dirigí mis pasos al sótano de la vieja librería "El caballero de la triste figura". Entré, seguro de mi mismo y se interpuso en mi camino el enano dragón de camisa azul cielo sin mediar palabra. Silencio, duelo de miradas y suelto con titubeos: me manda Manuel Antonio.

-Coño con el niño maricón, otra vez mandando a gilipoyas. Pareces educado, ¿tú padre no habrá votado NO A LA OTAN verdad?
Agaché la cabeza y lo esquivé llegando hasta la puerta que comunicaba con el sótano. Me aventuré escalones abajo soñando con un mundo nuevo y mágico cargado de besos.

La estancia que me encontré fue una extraña composición. Por un lado estaban cuatro chicas de mi clase, las de mayor standing, Manuel Antonio y mi enemigo el señor S (omitiré su nombre por si se le ocurre tomar acciones legales) con el que mantenía una dura pugna en futbol. Y en el medio de ellos una señora de la alta sociedad muy, muy, muy venida a menos. Pensándolo mejor quizá fuera de la alta sociedad en otra vida.

Se trataba de la señora de Don Celestino, que era algo así como la gobernadora de todo lo que ocurría en el sótano. Doña Agustina -alias Doña Croqueta- era una romántica empedernida. También consumidora asidua de fármacos varios y novelas rosa a partes iguales. Había creado "el club del beso" para, según sus palabras: "…los chiquillos tengan un lugar en el que soltar tensiones a base de lengüetazos. Un rincón de desinhibición en el que darse el lote, morrearse o mojar lengua, como se quiera llamar…". Decía a menudo como si de un slogan publicitario se tratara.

Allí las normas eran directas y sencillas. Mientras Doña Croqueta leía algunos pasajes de su lista interminable de libros de ñoñerías, se acercaban unos a otros para darse un rápido piquito austero.

Auspiciaba la ceremonia desde una silla de mimbre, junto a unos libros apilados que hacían las veces de mesita para su ginebra con clipper de limón. Entre los libros, nunca olvidaré una serie de títulos que cambiaron mi vida a partir de ahí: El amor no es un juego, Una mujer inaccesible  o numerosas obras de Corín Tellado. Pero por encima de todos destacaba la obra que guiaba a la señora de la fritura: Regreso al hogar, de su idolatrada Danielle Steel. Esta obra la escuché durante todo el curso de cuarto de EGB de su viva voz. Como si estuviera en misa, seleccionaba pasajes o capítulos según fuera el caso.

A su alrededor, y bajo el manto de una penumbra que motivaba al descaro, dí mi primer beso. Ese día de iniciación nunca lo olvidaré. Me sentía como mi héroe de aquel entonces -Super López-, con energía suficiente como para cambiar el mundo (un mundo de nueve años, repito). Me senté junto a mi musa y amada en silencio. Al otro lado "S", incordiando como siempre. Siendo mi prueba de fuego no podía fallar. Me acerque con los ojos cerrados y le solté un beso a la piba que me supo a gloria. Al día siguiente Manuel Antonio (quién si no) me contó que ella se había movido y le había depositado un casto beso en la ceja izquierda. Pero aún así fue maravilloso.

La sesión duro unos escasos cincuenta minutos. Lecturas de la gurú Steel sin ningún orden, unas cuantas estupideces sobre como conquistar a un hombre de verdad y nos echaron de allí con un simple: ya está bien, lárguense a molestar a sus casas.

Ese mismo año el "Club del beso" se convirtió en el centro de mi vida. Llevaba un recuento de besos en la contraportada de mi libreta de religión. Si supiera el Padre Enrique de que se trataban los cálculos no creo que me hubiera seguido tratando como a un crío, pensaba yo cuando me echaba de clase por cuestionar si Dios está en todas partes…

Los cálculos aún los conservo:
- 37 sesiones.
- 1 beso en la ceja.
- 103 besos.
- 3 intentos de beso de Manuel Antonio.
- 1 tocada de culo de Manuel Antonio.

Pronto, el club del beso comenzó a ganar fama entre los alumnos de mi edad. Pero los miembros iniciales seleccionaban con mimo a los miembros. Debían ser guapos y populares, o por el contrario debería existir alguna atracción por parte de alguno de nosotros. Esta norma se la sacó de la manga la Sra. Croqueta. Así fue como entendí que Manuel Antonio me invitó a participar.

En los buenos tiempos llegamos a ser ocho personas. Sin contar a la oficiosa anfitriona. Besos cada vez más perfectos. Risas y vaciles continuos a Doña Croqueta. Incluso en navidad nos permitimos probar un sorbo del repugnante brebaje que activaba la lengua de la gran dama. Éramos los miembros del club de niños de nueve años más elegante de la ciudad. Nos sentíamos unos afortunados hasta que llego el día temido.

Manuel Antonio debió cambiar de colegio al final de ese curso y fue el fatal preludio de lo que inevitablemente sucedería durante el verano. Aquel gnomo con escasa vocación de librero cerraba las puertas del paraíso a un grupo selecto de afortunados. Su jubilación precipitó el final del ciclo más húmedo de nuestras vidas. Ya nada volvería a ser igual.


Por mi parte, prometí estúpidamente no leer jamás a Cervantes… que culpa tendría él me pregunto yo ahora. Aún hoy paso por la manzana dónde antes hubo una librería de mierda que en su interior ocultó el más bonito club y me parece oír a la gran Croqueta en una lejana letanía temporal… "déjalos entrar Celestino, los chiquillos necesitan tener un lugar en el que soltar tensiones a base de lengüetazos"…

Trinidad. Cuba. 2012
La Isla sin Camarón
Pd: como no tengo a mano ninguna foto de mi infancia. Les adjunto una mía a caballo simbolizando como nos vamos alejando sin darnos cuenta de la infancia y los sueños de niñez, y bla bla bla.

miércoles, 30 de octubre de 2013

Shanghái

Llego con la fuerza de millones de palmas que señalan el epicentro de la economía del país, la capital financiera. La ciudad es un cúmulo de contradicciones, plagada de cromos antagónicos y fotografías que trato de quedarme para, un día cualquiera, regalar a quien quiera escucharlas. Pero ante todo, me lleno de momentos con los que sentirme más unido al mundo o a la realidad. Es imposible tratar de entenderlo todo pero no cejo en el empeño.
Barrio financiero y río Yangtze desde el Bund.
Octubre 2013. La Isla sin Camarón.
La metrópolis sazona las tradiciones con tecnología de vanguardia. Como un alquimista, trata de salpimentar la poción urbana de culturas europeas, americanas, modernidad o historia ancestral. De sabor oriental comprometiendo el futuro del medio ambiente. De edificios que tocan el cielo y desaparecen entre las nubes de polvo. De ríos púrpuras de neón reflejado, plagados de vida en largos hervideros serpenteantes de naves que transportan pescadores, comerciantes y turistas en constantes oleadas.

En los barrios, los rebaños se acumulan atolondrados e inertes esperando que la luz verde empuje sus cuerpos a la vida. Taxis, gritos, regateos, empujones, metros, consumo, horarios.

Sus habitantes se jactan de ir dejando atrás al país avergonzado y retrógrado. Sonríen con orgullo al ver sus mentes abiertas, su optimismo empapado de influencias occidentales del foráneo, aprender idiomas antes impensables, a codiciar el consumismo occidental, absorber turismo y sacar tajada, a querer sentirse uno más en la fiesta...

Curiosa imagen al ver como en una ciudad de 20 millones de habitantes, aún hoy, en las diminutas y pobladas viviendas de los barrios más pobres se tiende la ropa en las aceras, entre farolas o arbustos. Sin miedo al robo pues se tiene la certeza de que esto trae mala suerte.

En la calle comercial más importante de una de las urbes con mayor población del planeta, llamada  Nanjing, puedes tener la suerte de encontrar chinos que escapen del mandarín y te hablen en un inglés básico. Incluso algún buscavidas te lanzará algunas frases o palabras aisladas en tu idioma, si se trata de un comerciante audaz. A su vez, también con algo de fortuna, encontrarás personas paseando tranquilamente en pijama entre el gentío y bullicio continuo. Ante mi asombro me entero que hace siglos, era un signo de poder y fortuna usar pijamas pues no eran accesibles a todos los bolsillos. La naturaleza del ser humano es inescrutable, pues las prendas con los que se pavonean estos ciudadanos se acercan más al algodón o franela que a la codiciada seda oriental.

Los parques son curiosos remansos de paz, en medio de calles en las que en ocasiones es imposible andar. En ellos la población disfruta de cualquier actividad en armonía y en grupos numerosos. Tai chi chuan, bailes modernos, terapias de relajación, cantos, artes marciales, comidas esporádicas o cualquier actividad que se pueda practicar al aire libre se muestran sin pudor ante la normalidad aparente del peatón.
Influencias europeas.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Jardín Yu. Octubre 2013.
LISC. Shanghài.
Barrios gestados por ricos comerciantes extranjeros imponen cromáticas creaciones arquitectónicas que viajan a países lejanos y otros tiempos más florecientes. Según el prisma, París o Viena, Londres o una pujante ciudad del norte de EEUU. Incluso animándote a bailar al vaivén que marca el río Yangtze puedes ver un infinito escaparate de rascacielos que nada tiene que envidiar al famoso Sky Line de la gran manzana.

En las vías secundarias del centro conviven, al amparo gubernamental, los comercios de imitaciones de grandes marcas mundiales. Atrayendo al turista a un suvenir que nada tiene que ver con el país o sus riquezas culturales/históricas.

Las sombras de la noche, dejan entrever miedos y desengaños de una población saturada. Paralelismos entre creencias como el budismo o las tradiciones culinarias, asemejan a ciudades hindúes atestadas de polución, gentes y desigualdades.

La belleza de la ciudad asombra al doblar cada esquina, colosal, llena de vida y multicolor. Cuidando los detalles virtuosos orientales y respetando las formas. Pero tras sus telones también hay una sociedad que libera un animal que se aleja con odio del pasado y del resto de la nación. Que devora sueños de millones y también crea fortunas. Una ciudad que sueña en colores de neón, susurra al oído de los dioses y se levanta con aspiraciones de hegemonía comercial mundial.

Rascacielos que desaparecen en el infinito.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Calle Nanjing, masificada. (23:00 p.m.)
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Comercios orientales en cualquier calle de la ciudad.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.

miércoles, 9 de octubre de 2013

La plaza de Tian´anmen y el gran hermano

Aún consternado por la humillación a la que es sometida la salud del planeta en Pekín, aterrizo en la Plaza de Tian´anmen. El guía Yang, en un forzado español nos explica, entre continuos tropiezos con el léxico, que se trata de la plaza más grande del mundo. En extensión, claro. Y más importante del país.

Mi mente se dispersa olvidando escuchar sus palabras y rescato hechos que leí hace unos meses, cuando preparaba este viaje, sobre cierta masacre a estudiantes que se encontraban en este mismo lugar manifestándose de manera pacífica en contra del gobierno. Esto sucedía, si no recuerdo mal, a finales de los años ochenta. Me planteo en silencio si es buen momento para cuestionar ciertas cosas al interlocutor que nos acompaña, pues a pesar de que el país ha evolucionado en el aspecto político y social desde entonces, es evidente que aún no gozan de una libertad real y absoluta. Desde mi llegada he visto numerosas pruebas del control que se ejerce sobre la población para que no tengan libertad de información y opinión, entre otras cosas.

Como si mis divagaciones hubieran llegado a oídos de Yang –o José, como prefería que lo llamáramos ¿….?- mediante telepatía, nos explica que esa plaza, así como la contigua Ciudad Prohibida, no son lugares aconsejables para dialogar sobre política. Matiza asegurando que suelen haber espías vestidos de paisano ávidos de cualquier información o sujeto sospechoso.

Desechamos toda referencia al gobierno y llegamos hasta el frontal de la Ciudad Prohibida, que nos recibe con una gigantesca imagen del antiguo líder de la República Popular China, Mao Tse Tung.

Plaza de Tian´anmen y entrada a la Ciudad Prohibida.
Veintiséis de septiembre del 2013.
La Isla sin Camarón.

Postrados ante él, cual súbditos insignificantes ante el imponente semblante del poderoso personaje, Yang rompe el silencio:

- Se dice que es un retrato con similitudes al de la Mona Lisa, con una sugerente mueca de sonrisa en su gesto.

- Sí, incluso parece estar vigilando toda la Plaza desde su posición, aunque te muevas te sigue con la mirada. Respondí sin apartar la vista.

- Podría tratarse del gran hermano. Dijo Yang sin darle importancia.

Retomamos camino bajo el peso de su constante vigilancia y pasamos bajo el retrato mientras recuerdo pensar “¿estaremos ahora hablando de un simple cuadro o de política?”.

Retrato de Mao Lisa o la Mona Tse Tung.
LISC.

miércoles, 11 de septiembre de 2013

Microrrelatos CASA ÁFRICA

Estos dos microrrelatos fueron enviados al concurso de la Casa África "purorrelato". No se consiguió rascar nada pero la experiencia ha sido muy buena, a buen seguro repetiremos. 
Espero que les guste y que hayan tenido un bonito verano.

Del latín expuesto al sol, África.

Cabo Hafun, el calor baja las pulsaciones del abuelo de Makeba, pastor de línea ancestral y costumbres tradicionales. Cubierto en húmedas telas, sueña con que regresen los tiempos de fertilidad que no recuerda. De piel surcada a fuego Somalí, se coloca su koofiyad mientras pasea mentalmente a su rebaño de ovejas y cabras como cada amanecer. Se pregunta qué fue de su rebaño.

Ella, belleza en ébano, limpia el sudor y consuela su alma con ternura. Hace mucho que entendió que en África la humanidad es un valor. Teme la pérdida de su abuelo, de toda su sabiduría, de las historias de superación, guerras y familia. Teme perder África por el camino y no contar con él para regresar a la tierra árida que la engendró.

Abatida aprieta su mano mientras lo deja apagarse, sonando una fantasía moribunda entre sus gemidos: “Makeba… despiértame con la lluvia”.


Pienso en ti.

Agotada, muestras en silencio tus desiertos como respuesta. Perdido el respeto, maciza surcada por ríos y expolios, te elevas una vez más, sabia y orgullosa. Ya no eres la misma que ayer, pero siempre tú.

Majestuosa figura de pelo recogido, erguida cual padaung hablas en voz de homínidos, mostrando orgullosa coloridas alas multirraciales, que sonrojan en continuas disputas internas. Encierras en tu aliento contradicciones eternas del ser humano.

Te justificas en tierra árida, extensas mesetas y amplios ríos. En tus sonoros latidos de djembé o dundun, de paladar extenso gastronómico, ritos divinos que llenan tu alma o en amor perpetuo del que se conoce genuino.


Te alimentas a diario de esperanzas infinitas y la convicción del origen, el vientre de la vida. Sabes que mañana volverás a crear, a susurrar esperanza al mundo. Quizás pudieras no conseguirlo, pero yo pienso en ti. Tal vez incluso, combatas tu destino, pero tu final es el nuestro. 


Playa de las Teresitas.Tenerife. Mayo 2013.
Foto enviada por un amigo hace algunos meses. Gracias.

La isla sin Camarón.

sábado, 22 de junio de 2013

La quimera del pan y otros relatos

Muy buenas queridos amigos cibernéticos:

Para el que no se ha enterado, el pasado 11 de junio tuvimos el gran placer de publicar el primer trabajo en papel. Se titula "La quimera del pan y otros relatos". Se trata de un pequeño libro de relatos de temática similar a los que estos últimos años han ido desfilando por La isla sin Camarón. 

Comienza con una historia original escrita para la ocasión y que presta su nombre al libro, que trata sobre las vicisitudes que le ocurren a un hombre para lograr llenar el buche y lo complicado de su situación. A esta historia le acompañan dos más, tituladas "Vivir escribiendo" y "Pedro a las puertas del cielo". 

Además, los relatos cuentan con dibujos originales del pintor canario Himar Suárez, que ilustran las historias de manera magistral. La portada está realizada por Fernando Redondo, quien le ha dado un aire personal a la misma, siguiendo los patrones marcados por Alexander Rodchenko de sus carteles soviéticos. Por último, el prólogo ha sido escrito por Daniel Redondo, quien gentilmente a juntado algunas letras para el momento de su publicación. Agradecer públicamente a ellos y a algunas personas más, por su desinteresada colaboración para que este libro se convirtiera en una bonita realidad. Esperando que sea el primer escalón de otros muchos proyectos.

Con todo el entusiasmo posible y mucho cariño, espero que les guste. Y, si tienen ganas, agradezco de todo corazón cualquier comentario, sugerencia, opinión, apostilla, crítica, nota, interpretación, alusión, observación... o lo que les venga en gana. Será recibida con los brazos abiertos. Es mi primera incursión y estoy trabajando en algo diferente, así que cualquier comentario, sugerencia, opinión, apostilla, crítica, nota, interpretación, alusión, observación... me vendrá de lujo para este cercano futuro.

Gracias por estar ahí y haber estado aguantando el peso de mis letras durante los últimos 3 años.

Abrazos y salud para todos.

Quique R.
La isla sin Camarón



Lo pueden adquirir por 8 euros en Canaima.
Calle Senador Castillo Olivares, 7. Las Palmas de GC.


La quimera del pan y otros relatos.

miércoles, 24 de abril de 2013

Vivir escribiendo


El escritor sintió un fuerte dolor en el brazo derecho, seguido de una aguda punzada en el corazón. Cayó al suelo mientras entre gemidos se retorcía de angustia. Hacía bastante tiempo que los médicos trataban de prevenir un trágico final advirtiéndole en numerosas ocasiones. Pero siempre fue de buen comer y tenía muy claro como pensaba disfrutar de su vida.

Al abrir lo ojos, un suntuoso salón hacía las delicias de los invitados. Sintió como si algo le estuviera empujando hasta traspasar el amplio marco de entrada.

Una vez dentro, se produjo un silencio sepulcral. El numeroso público que lo rodeaba se quedó instantáneamente expectante clavando sus miradas sobre él. Se sintió paralizado unos momentos cuestionando que fiesta era esta. Y le invadió un extraño sentimiento de familiaridad con toda aquella gente, como si de alguna manera conociera bien a cada uno de ellos. Se contaban por centenas.

Al momento, un caballero de avanzada edad se le acercó a su derecha y, con una voz que invitaba a seguirlo hasta el fin del mundo, lo saludó cortésmente. Parecía conocerlo bien.

Muy buenas, contestó completamente desorientado. ¿Dónde estoy?, ¿Quiénes son todos ustedes?, ¿Cómo he llegado hasta aquí?... Tratando de entender, lanzaba preguntas atropelladas sin dar tiempo a réplica por parte del caballero que le miraba, a su derecha, con paciencia.

Cálmese, está en el lugar mejor que pueda imaginar. Toda esta gente ha venido hasta aquí por usted, al igual que yo.

¿Cómo dice…?, no entiendo. Respondió el escritor tratando de unir piezas.

Así es, todos están aquí para homenajearlo; a fin de cuentas ha sido usted quien los ha creado. Y seguramente, si cierra los ojos sabrá incluso quien soy yo.

El escritor, tomándose unos minutos para asimilar la situación, comenzó a fijar su mirada en la gente que, aún en silencio, le rodeaba. Advirtió como en primera fila se encontraba la señora Marquesa que había protagonizado un pequeño relato de su juventud, lo supo por su aspecto y por estar junto a un elegante mastín que la protegía.

Así fue, poco a poco, reconociendo a todos los presentes, empezando por los niños mágicos de sus cuentos en la isla de San Borondón, tal y como los había imaginado. Se topó con personajes que ya casi había olvidado a lo largo de una vida de escritura; y así fue como uno por uno se fue reencontrando con ellos: el señor Valentín (el quesero, si no recordaba mal), la tierna niña de los rizos de oro y ojos color verde helecho, al viejo encofrador que helaba con su profunda mirada, al bueno de Pedro Curbelo, el denigrado boxeador cubano, el saxofonista, al príncipe y la corista, y hasta los hermanos Martín, amigos de lo ajeno.
Cuando hubo reconocido a muchos de ellos se detuvo, queriendo saber quien era la persona con la que hablaba. Esta le dijo que cerrara los ojos y se imaginara alguna de sus novelas. No precisó mayor ayuda. Se trataba del narrador que tantas veces había estado en su cabeza, colaborando, letra a letra, a componer las más variopintas historias. Su más fiel aliado, con el que mantuvo no pocas  discusiones a lo largo de su carrera literaria.

El narrador, sabiendo que ya le había reconocido, y conociendo la confianza que en él depositaba, le susurro:

<<Tienes la oportunidad de volver, y seguir creando un maravilloso universo de personajes e historias de las que algún día disfrutarás. Pero no hoy>>

El escritor, de un sobresalto abrió los ojos despertando en una camilla de hospital. Únicamente deseaba tener a mano un papel y regresar a vivir escribiendo.





Jardín botánico Viera y Clavijo.
Febrero 2012. La Isla sin Camarón

domingo, 24 de febrero de 2013

La noche en la que casi conocí a un héroe


En las inmediaciones de la “Casa de la música”, en la ciudad colonial de la Habana, se agolpan a diario asistentes ansiosos de pasar la noche en un mítico local cubano. En la cola de espera, se entremezclan bailarines locales, turistas, jineteras o cualquiera que con un poco de ingenio acostumbre a sacarle unos pesos al cándido extranjero de turno.

Los porteros, cómplices del paralelo negocio callejero, ralentizan el paso de los asistentes al local, sobretodo si estos son extranjeros. Así mismo, ofrecen entradas preferentes sin necesidad de esperar… a cambio, claro está, de una comisión económica en mano. Cualquier rasgo inequívoco de titubeo, es aprovechado con pericia por un auténtico habanero.

Entre esta corte de personajes ambiguos, llamó mi atención un joven mulato. Éste, se acercó hasta mi posición, seguro de su imponente porte y labia caribeña. Y en una forzada pero amable conversación, me abordó. Se trataba, según alegaba, de una joven promesa deportiva que ese mismo verano del 2012, quedó excluido de la selección nacional debido a una inoportuna lesión, causada en una disputa callejera.

En su tabique destrozado no escondía las evidencias, más que notorias, que apoyaban su versión como profesional del boxeo. La acompañó, explicándome el lugar donde se produjo dicha lesión; una de las falanges de su mano derecha. Visiblemente deformada con respecto al resto.

Ahora, repudiado por la selección olímpica del deporte nacional por antonomasia, debido a su indisciplina, se ganaba la vida como podía. En ocasiones, manejando un taxi ilegal o, en otras (tal y como me temía desde el saludo inicial), utilizando su ingenio y encanto... A partir de entonces, como todo cubano, debería luchar por sus cuartos fuera del ring.

La conversación se alargó por momentos, en ocasiones también yo me sinceré, pues ya no le sentía un extraño. Hasta que, de improviso, el portero de la “Casa de la Música” debió percatarse de que; no le iba a comprar una entrada preferente; no estaba atento a las jóvenes que rondaban la zona; era evidente que había perdido esa candidez de extranjero novato; y decidió que ya no debía hacer más tiempo cola.

En pocos segundos, el boxeador degradado se apresuró. Dijo su nombre, trató de vender unos auténticos puros habano, y se despidió, apretando enérgicamente con sus manos la mía, débil y blanquita en comparación. Ahí se disipó cualquier duda que pudiera albergar aún entorno a su profesión.

Hoy en día, no recuerdo su nombre, y a duras penas podría dibujar su cara, pero me gusta pensar que en el verano de las “Olimpiadas de Londres” del 2012, en el que Roniel Iglesias consiguió el oro en boxeo para Cuba, yo conocí a quién pudo haber sido el héroe nacional del momento. El héroe nacional de un deporte que en Cuba, es casi religión.

Vedado, la Habana. Agosto 2012. La isla sin Camarón.



miércoles, 14 de noviembre de 2012

Amigo, tenemos que vernos más



Vuelve a salir el sol en mi ciudad. El compás de los cuerpos hacia el desempeño, nos anuncia que ya queda atrás la aurora. Algunas consideraciones vagas me recuerdan lo desdichado que soy, y obligo a dibujar una sonrisa en mi gesto cansino. No es para menos.

Hoy, he vuelto a saber de ti. Alguien dijo que no te iba mal, que habías superado algunos obstáculos. Esos que la vida acostumbra a lanzarnos sin ton ni son. Me descubrí recordando, nostálgico, viéndote entre tantas sombras que pueblan mi memoria. Joven y seguro, mirando con optimismo el horizonte. Me alegró saber que seguías estando, que no eres un simple recuerdo.

En cuanto a los días, inevitablemente se nos caen del calendario. El calor ha dejado paso a las primeras lluvias. El agua no consigue limpiar el chaparrón de despropósitos que estamos viviendo. La clase política, cada vez tiene que ver menos con los que pisamos este mundanal escenario. Se alejan peligrosamente de la realidad, oponiéndose a dejar de bailar al son marcado por los reguladores capitalistas. Ni siquiera ante estas feas nubes que abruman nuestro panorama, los mercados dan un respiro a sus fines lucrativos.
 
Pero la función debe continuar. Nadie dijo que fuera fácil. La precariedad laboral e incertidumbre económica deberían ser tomadas con visión optimista. O no es mejor usar la creatividad, a quedarnos hundidos en un empleo toda una vida, convirtiéndonos en súbditos del trabajo monótono. Acaso no es esta, una inmejorable oportunidad de cambiar nuestro chip; el que obligaba a comprar el último modelo de coche alemán, por alternativas más económicas y respetuosas, como puede ser montar en bicicleta. Para qué plantearnos aspirar por una hipoteca, si en el edén, de nada sirven los bienes materiales. La vida es algo más que el vil metal.

"Levántense y gocen que la vida es corta,...".
Las cosas más bellas no tienen nada que ver con todo esto. En el camino debe estar el resultado. Así que voy a disfrutar de la vereda. No digo que vaya a vivir al margen de la realidad, eso no sería consecuente conmigo mismo. Simplemente observaré y mejoraré lo que esté en mi mano. Soplando en las velas de los sueños que me rodeen. Y dando la importancia que para mí tengan las cosas, no permitiendo que impongan mis prioridades.

 Ante todo, no dejaré que el desconcierto y la tristeza se adueñen de mi destino. Empezaré llamando a mi amigo. Le recordaré los tiempos en los que éramos más jóvenes, y el futuro siempre estaba aplazado. Repetiré que tenemos que vernos más. Y me alegrará saber que sigue ahí. De saber que se supera. De entender que podemos superarnos.

Por todos aquellos que día a día hacen que este mundo sea más bonito.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Cuba. Reflexiones desde un avión que cruza el charco 2

       2.     Sociedad y cultura. El son cubano.

Cuba aún se encuentra viviendo, por sus calles, su magnífica arquitectura y sobre todo por su estancamiento económico, en aquella romántica época ya pasada que el tiempo se llevó para no volver. Sólo un paseo por cualquier población de este caribeño país nos servirá para entender esta afirmación.
Edificio de la calle Villegas en la Habana Vieja. Cuba.
En el casco antiguo de la capital del país, en la Habana Vieja, pude comprobar, y a continuación trataré de narrar, cómo imágenes cotidianas que se suceden a diario, producen impacto a lo ojos de un forastero por su sabor a tiempos pasados: “Con el alba, el anuncio del panadero se escuchó con estruendo cortando el silencio de súbito. Doblando por la calle Obispo, se incorpora a la calle Villegas, vociferando el anuncio de que un día más amanece. Mientras, los primeros rayos de sol tiñen de ocre las desvencijadas fachadas de la Habana. Sus callosas y activas manos, empujan un carro cargado de hogazas de pan recién horneadas, la ciudad se quita las legañas y comienza el trajín diurno”. Un episodio que no hace más que describir con sentida añoranza como el reloj se detuvo a mitad del siglo pasado en la añeja ciudad de la Habana. Impagable oportunidad de revivir escenas que, actualmente, no son más que fotos en blanco y negro de lo que ocurrió en la mayoría de grandes ciudades de este planeta.

En Cuba la música no se toca. Se siente y se baila. Se canta, y ante todo se manifiesta de todas las formas a la que los cubanos tienen acceso. A cada paso corremos el riesgo de toparnos con un guaguancó, una rumba, un son, punto cubano, bolero, salsa, o incluso reggaeton entre otras muchas expresiones musicales. Es difícil entrar en contacto con este país de manera impasible y disfrutarla como simple espectador. Los cálidos acordes te irán introduciendo en los ritmos caribeños que con el paso del tiempo se convertirán en la banda sonora de tu día a día. En mi memoria, cada pintura de este país está musicada. La música no dejó de sonar nunca, ni bajo la opresión de Fulgencio Batista, ni en los posteriores complicados momentos de la revolución. Y es que Cuba sin música… ya no sería Cuba. 
Músicos callejeros. Agosto 2012. Trinidad, Cuba.
Casa de la Música, Agosto 2012. Trinidad. Cuba












A ritmo percusionado de la clave cubana, el autóctono te atiende con cálido interés. Una ocasión para demostrar, nuevamente, que las ataduras del tiempo no rigen los compromisos del vecino isleño. Los patrones rítmicos marcan, a su vez, el devenir de una jornada repleta de sosegadas paradas, a la sombra de un almácigo o un cedro, huyendo del húmedo y abrasador sol. Es frecuente, encontrar alguno que se guarece bajo su manto, disfrutando de la fruta tropical: manga, fruta bomba, banano, guayaba o el coco.

En la “Plaza de Armas” de la ciudad habanera, se comprueba como la desesperanza del pueblo ha germinado en un carácter afable e inquieto, habituado a mirar el futuro con un obligado optimismo. Los tenderos, en el mercado de libros de segunda mano, hablan reposadamente sobre los errores del pasado, las viejas fórmulas fallidas, y de como la unión del pueblo les ha ayudado a superarse. El cubano, a diferencia de otros países, se ha acostumbrado a vivir con la necesidad, pero esto no les ha robado la sonrisa y el gesto afable.

Y es por esta necesidad, por la que, de los múltiples colonizadores, explotan lo bueno de sus legados; cereales, legumbres, tubérculos, hortalizas, café, arroz, maíz, cacao y sobre todo la caña de azúcar (proviene de América Continental), que antaño genero una riqueza de la que aún hoy podemos deleitarnos con su preciosa arquitectura (la mayoría de ella tristemente estropeada) y fabulosos vehículos (lo que sí parece increíble es que aún se muevan). Esto nos demuestra, que en este singular país, sus habitantes se conjugan con la necesidad, y acostumbran a tomar como suyas las más económicas herencias de subsistencia. Exprimiéndolas hasta hacerlas propias.
Una calle en la Habana, Cuba. Agosto 2012. La isla sin Camarón.
En pocas palabras; resulta imposible entender lo que es sentir Cuba hasta que uno no se da un sosegado paseo por el malecón habanero; transpira su húmedo clima; siente la brisa en Viñales disfrutando de sus imponentes “Mogotes”; se regocija con un chapuzón en una de sus extensas y caribeñas playas; goza del interior de la isla, cargado de densa vegetación; disfruta del atardecer en Trinidad sintiendo al cantautor local; o, simplemente se despoja del reloj y, con un mojito o cachánchara1 en mano, degustando un Montecristo, disfruta de una relajada conversación para celebrar que aún seguimos vivos.

Y es que, tal y como bien sentenció Compay Segundo [“No espero en un rincón la muerte, ella tiene que perseguirme”], acerca de su manera de entender la vida, así es como la disfrutan sus compadres. Porque en Cuba... no todo va a ser luchar.

Pintadas en las paredes de La Habana, Cuba. Agosto 2012

1 Cachánchara: Dulce bebida típica de la provincia de Trinidad compuesta por: ron, guarapo, jugo de limón y hielo.

viernes, 24 de agosto de 2012

Cuba. Reflexiones desde un avión que cruza el charco 1

Plaza de la Revolución. La Habana, Cuba. 17 Agosto 2012.
  1. Política. “Patria o muerte”.

    Mi primer contacto con Cuba me dejó vacío. De noche, la vía que conduce hacia la Habana carece de grandes luces y no deja disfrutar más allá de dónde alcanzan los faros de tu carro. La ciudad, en Centro Habana, se agazapa usando la luna como habitual compinche.

    "Rincón de los cretinos" en el museo de
    la Revolución. La Habana
    A la luz del día el cuadro es bien diferente; la isla se destapa complicada y contradictoria. La primera flecha de Cuba va directa al cerebro. Abruma, y es esencialmente política. Mensajes revolucionarios despiertan al visitante, al mismo tiempo que sirven para aleccionar al pueblo. Propaganda y frases meditadas que aluden al socialismo, al poder de una nación unida, al esfuerzo, al trabajo y sacrificio constante, a Camilo Cienfuegos, al Comandante y Jefe de Estado el eterno Fidel y su hermano Raúl Castro, a José Martí, y a muchos otros que lucharon por el régimen actual y contribuyeron a derrocar a Fulgencio Batista.
    Pero por encima de ellos, en estos carteles se recuerda la mitificada imagen de la revolución, al Ché. Idolatrado y explotado a partes iguales hasta la saciedad, Ernesto Guevara simboliza al hombre recto, luchador, honrado e idealista que moriría por sus convicciones. Por sus venas corría toda Sudamérica como un único pueblo libre. De improvisto, y en continuas conversaciones con cubanos de a pié, me susurraron que todos estos valores del Ché se echan, francamente, muy en falta y cada vez en mayor medida en el Comandante Fidel Castro y su corte de aduladores. Como todo personaje popular, las andanzas del Ché conllevan una legión de incondicionales al igual que feroces detractores. Sus opositores destacan su fuerte apego a la lucha armada como mediación de conflictos, su derramamiento de sangre o el fusilamiento indiscriminado al que sometía a sus detractores. 

Pintura del Ché por artista callejero. Trinidad, Cuba.
Consignas. Santa Clara, Cuba.

Cuba es diferente a cualquier concepto que entendamos como nación. Es libre ante el hombre del saco, encarnado a la perfección por el imperialista y consumista yanqui, quién somete a su antojo a gran parte de América latina. Pero a su vez, el comunismo ha llevado implícito una losa cada vez más pesada, que recae sobre sus compatriotas; bajo un régimen que dice otorgar el poder, por y para el pueblo, se auspician miserias y opresión sin reparos. Se silencian voces opositoras al poder establecido con sangre. Se restringen derechos al pueblo o se premia al “chiva”: como denominan en este país a los que en otro tiempo se ganaban el favor de la corte a costa de delatar a sus semejantes.
Pintadas en Santa Clara. Cuba.

Su política es un enigma constante y para un foráneo despierta amores y odios. No deja impasible dejando como resultado un complicado posicionamiento. En ocasiones parece difícil entender si es cierto que los medios justifiquen el fin. Y lo más importante, si es este el resultado que se interpretó desde los comienzos de la Revolución Cubana. Es decir, ¿es este el modelo en el que se encuentran el que mejor defiende al pueblo de presiones externas, lo libera del dictador gobierno y le otorga el poder legitimado de su rumbo? o, por el contrario, (y como en ocasiones entendí) el mensaje se ha ido tergiversando y corrompiendo, acabando por beneficiar a unos pocos por encima del bien común.

Entre los grandes fracasos que alejaron a Fidel del pueblo, por lo que pude comprobar en voces de los mismos, están la falta de comprensión, que continuamente han demostrado los dirigentes hacia sus problemas; la desaparición, en extrañas circunstancias, del Comandante Camilo Cienfuegos, pieza clave en la revolución y figura muy querida por el pueblo debido a su sencillez y cercanía; y los asesinatos o encarcelamiento de la mayoría del núcleo duro de la guerrilla que ayudó al cambio social-político por desavenencias con el Comandante y Jefe de Estado Fidel. No me gustaría dejar exclusivamente una idea negativa de la actual política del país. Es deber destacar como se ha logrado una sanidad gratuita para todos sus conciudadanos y de una altísima calidad, reconocida en todo el mundo; o una alfabetización sin antecedentes, de casi la totalidad de la población. En educación y cultura resulta complicado poner algún reproche. No así en otras cuestiones de suma importancia, que por hoy dejaremos al margen, y que bien podrían explicar los miles de ciudadanos cubanos exiliados.

El futuro de este país es francamente incierto. La naturaleza humana le ha tocado a las puertas del mismísimo Fidel. Demuestra signos de decrepitud y fatiga (incluso sus habituales columnas de opinión en el periódico revolucionario Gramma han desaparecido). Y por ello ha designado como sucesor a su hermano Raúl, en un desgarrado intento por alargar la vida del actual sistema, evitando, un irremediable cambio, pues Raúl se encuentra también en edad avanzada. La incógnita que se cierne sobre el pueblo cubano es grande y podremos ver si el cambio que sucederá a estos históricos tiempos mejora lo vivido. O, si dando la razón a la Revolución, los designios de este país son controlados por terceros con mayor poder económico.


El tiempo nos dará o quitará razones. Y así podremos comprobar si se cumple el vaticinio de Fidel, que en uno de sus certeros e históricos discursos, en su propia defensa, pronunció aquello de: “La historia me absolverá”.


Pintada frente al museo de la Revolución. La Habana. Cuba.

sábado, 30 de junio de 2012

Benarés. De aquí a la eternidad.

Calle en Benarés. Continuo hormigueo de transeúntes.
La isla sin Camarón. 31.07.2011
Si conjugáramos el Cielo y la Tierra. Tratáramos de hacer desaparecer la línea que divide el paraíso con lo terrenal. Si buscáramos el lugar en el Mundo dónde se mezclaran sin dolor y con inusitada naturalidad, estaríamos hablando de la ciudad de Varanasi.

Varanasi (llamada Benarés en Indostán). Es la ciudad espiritual por excelencia de la India. Situada en Uttar Pradesh. Su vitalidad, continuo hormigueo y éxodo peregrino se debe a su órgano vital que la insufla de misticismo: el río Ganges. Se trata de la cuna del budismo y el jainismo.

No deja de ser complicado entender, para mi occidental educación, como el lugar esencial de peregrinación dónde todo Hindú desea morir, sea conocido como la ciudad de la vida. Y es que, tal y como me hicieron comprender bajo el húmedo sol de Benarés, nacer, puede llegar a ser aleatorio, pero si se puede elegir dónde dejar este terrenal mundo, y partir hacia el nirvana; siempre será en esta sagrada ciudad.

Junto al río Ganges, se suceden las ceremonias hinduistas de cremación sin descanso. Los deseos de los difuntos hacen de este lugar un constante ir y venir de cadáveres. Espiritualidad, paz, descanso y armonía.

Más de 100 ghats se convierten en los lazos que unen la vida y la muerte, lugares por los que los vivos suspiran para que sus últimos días finalicen con su inerte cuerpo calcinado cayendo al sagrado río.

Ceremonia a la caída del Sol. Varanasi.
Casi sin pestañear, para no perder ni una sola imagen de las escenas tuve la fortuna de vivir, observaba maravillado la celebración de la muerte, como una suerte de vida nueva, una reencarnación. Entre el agua sucia del río, y sus seres queridos, se sitúa el cadáver. A escasos metros, puedes llegar a ver como el cuerpo se va quemando con naturalidad, envuelto en telas, hasta dejarlo caer al río viéndolo alejarse a la deriva. En muchos casos aún sin descomponer, para dar la bienvenida a su reencarnación.

Me sigue sorprendiendo, ante todo, su manera de afrontar la muerte. Lo hacen sin remilgos. Sin miedos. Tuteándola y abordándola con naturalidad.  Dándole sencillez a un paso más de la vida.


Artesano. Benarés.
Dentista en la calle. Benarés.


Pero no sólo por las cremaciones me fascinó Benarés. También dejan huella las diferentes ceremonias a orillas del río Ganges. Al caer el sol, y con la entrada de la noche, se suceden ritos en diversos lados del río para honrar al dios Shiva. Música, cánticos, fuego y coloridas flores. Mágica ceremonia que se repite a diario sin caer en la rutina o la superficialidad barata, debido a su contenido espiritual y religioso. Al finalizar, entre las barcas que surcan el río, este se llena de numerosas velas que flotan a la deriva, impresionante.

Al alba, con la llegada de los primeros rayos de sol, también se acerca la población a las orillas del río para realizar baños que purifican limpiando los pecados y ofrecer un espiritual tributo al Dios del Sol. 


Por todo ello, parece ser que existe un puente entre nosotros y la eternidad. Se encuentra en el tramo que transcurre por el Ganges y baña a la ciudad eterna de Benarés.

No encuentro mejor manera para definirla que parafraseando el título de aquella deliciosa película con Burt Lancaster: “De aquí a la eternidad”, y es que jamás estuvo tan cerca el cielo de la tierra.