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viernes, 30 de diciembre de 2011

El camino

Sigiloso e intranquilo me encamino con paso firme. Atravieso muros imaginarios con la fría noche como testigo. La oscuridad en la que me adentro cada vez se hace más densa y acabo sumergiéndome en sus tinieblas.

Un escalofrío me penetra por las pupilas estremeciendo cada poro de mi piel. No me detengo. Si lo hiciese dudo que todo acabe.

Seco mi sudor y una intensa luz a lo lejos me anuncia que es cierto; existe una salida al exterior, una solución a mis problemas. Continúo. No es momento para dudar. Poco a poco voy emergiendo de la densa y profunda oscuridad y esta se va transformando en penumbra. Mis hombros se liberan. Me voy sintiendo mejor. Sonrío.

La luz penetra en mí a cada paso hasta cegarme, parece como si llevara largo tiempo sin ver claro. Ahora todo se convierte en luz y color. Ya casi no recuerdo porque antes estaba todo tan oscuro. Camino.

 Camino y sonrío. 

Praga desde el Puente de Carlos. 2008

viernes, 28 de enero de 2011

El viejo

El viejo cerró el libro y se quedó mirando el techo. No recordaba cuanto había pasado desde la última vez que se detuvo a contemplarlo. Demasiado tiempo seguro. Años, quizá décadas.
El color blanco con el que se pintó en su día se había ido. En su lugar un extraño color semejante al tan exitoso “blanco huevo” mezclado al “amarillo nicotina”.
Recordó la ilusión con que habían pintado esa habitación su señora y él. Pero ella había marchado, falleció. Y él ya solo era un viejo.
Por más que lo intentara no era capaz de imaginar aquella sensación que tanto le hizo sentir ella. Lo felices que fueron.
Pero eso casi fue en otra vida. La observada desde fuera como si estuviese viendo a otras personas o algún libro que hubiera leído.

Al bajar la mirada desde el techo se dio cuenta que toda la habitación era vieja. Plagada de tristeza. Alzó sus brazos y abrió el libro por la página 47 tratando de vivir en sus hojas.
Esta vida ya no era su historia.

lunes, 17 de enero de 2011

Crónicas de vuelos insulares I

Vuelo directo a Las Palmas. El constante trasiego de ir y volver. El eterno regreso. Me encamino a casa. Quizá algún día ya no sea igual. Por el momento continúa.

Esta vez está ella. Todo se ve con más color, ella lo ilumina. Allí descanso mi corazón. Esparcido ahora por diferentes puntos de la geografía insular.

Incontables vuelos que dan fé de vida. Testimonio de mi existencia. Cuando vuelas existe algo de mágico. Durante un tiempo no perteneces a este mundo. Físicamente no estás al menos. Y esos son los instantes en los que más pensamientos te abordan. Te vuelves introspectivo, reflexivo, errático; en ocasiones sacas pecho... otras te hundes en el sillón.
- ¿Una chocolatina caballero?
- (¿¿Caballero??) Sí, gracias.


El cielo sobre Playa Blanca (Lanzarote). 2008
 

Diecisiete de Octubre del dos mil ocho