lunes, 29 de septiembre de 2014

Mientras escucho el viento

Detengo mi aliento, fijo la mirada en la barra
y me pierdo en felicidad.
En la bahía custodio los rayos solares delicados
que se posan sobre la piel de mi casa.

Con calidez acomodo las yemas en tu pelo
despacio, y encuentro razones para jugar
sobre el destino de tus pensamientos.

Arena suave, fina
se escapa entre los dedos
predice sueños náufragos
a orillas del mar.

La sinuosa avenida carga cuerpos;
parejas entrelazadas de la mano,
niños que ríen felices,
jubilados que buscan antídotos.

Un beso es lanzado a bocajarro,
me pierdo en su estela
siguiendo un rastro
que detiene el cegador Lorenzo.

El entorno, perezoso se vuelve azul,
paraíso tropical, meridiano de Greenwich,
algas atropelladas por las aristas de una ola,
aromas a verano eterno.

Poniente, figuras a contraluz,
al vaivén de una templada melodía,
que marcan fisuras del viento
al cruzar el corazón de rocas inmóviles.

Dos afortunados se desean
deteniendo las olas.
Y el océano ruge ahora,
envidia su fortuna.

Mientras, en el trópico de tu cuerpo, me recuesto,
vacío una cerveza y leo a Roberto Bolaños,
deseo dormir pero temo no despertar para el atardecer,
garabateo en las nubes y me olvido de esperar.


Playa de las Canteras.
Estela de avión militar simula un corazón.
Diciembre 2013. La Isla sin Camarón.


domingo, 21 de septiembre de 2014

Correspondencia entre dos mundos I

Desde Kinshasa (Congo) recibí noticias de Jaime (http://bocanadadeoxigeno.blogspot.com.es/), cooperante y camarada. Entre asuntos varios decidimos establecer un canal en el que charlar de forma discontinuamente habitual sobre conceptos que nos marcan nuestras diferentes situaciones geográficas, puntos de vista y demás chaladuras. Estas improntas verán la luz al unísono en ambos blogs. Un toma y daca sin pretensión, con entusiasmo y abriendo las ventanas a mundos que nos parecen a veces tan diferentes que no apreciamos lo semejantes que somos sus habitantes.

Correspondencia entre dos mundos, de Kinshasa a Las Palmas de GC (I):
Incluso en éstos tiempos, querido amigo, se echa de menos lo que no debiera echarse en falta, y aquel dolor que debiera suplantarse por color y hermosura, reaparece incluso en ésta tierra mojada por las nubes y el anhelo de tantos. Incluso en Kinshasa se escucha el saxofón que tanto gustas de practicar, el mar que rompe en la barra de Las Canteras y los recuerdos del café dónde el poeta Leopoldo María Panero, vecino de tu barrio y loco cuerdo y amado, debió imaginar y recitar entre labios, entre líneas y entre copas, aquello de “El caballo de hierro cruza ahora sin miedo, desiertos abrasados de silencio”. Silencios tengo muchos en este país de gente callada y sin voz, pero me pregunto, te pregunto, ¿Somos tan diferentes en las islas, en tu isla? ¿Sigue sin despertar el sentimiento solidario en la protesta por los derechos sociales y el bienestar común? ¿Sigue saliendo más gente al fútbol que a ponerle la cara roja a un mal gestor? ¿Somos diferentes a un pueblo sin voz ni voto? Un abrazo querido, y mantenme al hilo de la correspondencia entre mundos hermanos. 

Jaime. Kinshasa, septiembre 2014.

Correspondencia entre dos mundos, de Las Palmas de GC a Kinshasa (I):
Recibo tus letras virtuales como si de flores y abrazos se trataran. Alegran noticias de personas que trabajan por encontrar mundos mejores. Inspiran el corazón saber que están ahí. Mientras, aquí todo gira en torno a vidas tranquilas y ciudades cargadas de sueños de grandeza. A veces algún mandamás se pasa demasiado con el paisano y se montan pequeños alborotos sociales. Nunca suficientes como para que bajen la cabeza y tomen caminos ejemplarizantes.

Avergonzado desde mi confortable espacio, hecho una sentida mirada a tu África, acostumbrado como estamos a darle la espalda, de cuando en cuando oigo algo sobre la tierra del paquidermo. Sintonizamos noticias de las que nuestras conciencias y actos son enteramente culpables; hoy es el ébola, ayer el VIH, guerras civiles endémicas, y mañana…

Mañana: no significa nada si relativizo dos mundos tan cercanos y tan diferentes. Tu teclado me fotografió el concepto del fin de la vida en Kinshasa. Por voz de Daniel -médico sin frontera hace unos años en la República Centroafricana-, primo y amigo común, ya supe de esta cotidianeidad obligada de un acto tan tabú en occidente. Supongo que nunca la muerte está tan viva como en África. No hay otra.

Aquí, entre tantos vaivenes, trato de subastar mi cabeza al que mejor dibuje el futuro. A pesar de todo, siempre esperanzado. Espero referéndum por el petróleo y el dictamen sobre la vida de Canarias.
A veces brindo en compañía, y otras paseo en mi negra bici por una ciudad que mira hacia el mar. Al Atlántico que unas millas más atrás del horizonte se adentra en la tierra en la que te encuentras. Intuyo te aclimatas con suavidad al entorno.

Abrazos con coordenadas, amigo. Salud!


PD: El saxo coge mugre.

Quique. Las Palmas
de GC, septiembre 2014.
Como sé que te gusta acompañar la lectura de música, aquí va algo


miércoles, 9 de julio de 2014

La educación: La herramienta más poderosa para cambiar el mundo

La coctelera de la actualidad continúa agitada, dando su habitual sacudida diaria. La sociedad se estremece sin compasión ante el exiguo plan preconcebido de nuestros “líderes” políticos.

Desde el terreno, la masa sacude sus sienes regañados, indignados. Se suceden gestos que escenifican conciencias enarboladas por los más críticos. Aquellos que no se resignan a lo que el resto nos tragamos sin rechistar.

Esta semana, en un contexto educativo plagado de tijeretazos interminables, la alumna más brillante de la selectividad daba unas gracias sentidas a la educación pública. Un agradecimiento cargado de sentido y profundidad social. Sus sencillas palabras apoyan con gratitud a un sistema maltratado que demuestra, en casos como el suyo, que con el apoyo adecuado se podría llegar a tener una educación digna y universal. Premió con su voz el trabajo silencioso de tantos docentes que día a día, con escasa ayuda gubernamental, desafían un sistema LOGSE abandonado a su suerte. Un sistema que cada curso se muere esperando una reforma educativa real. Un sistema que no se han atrevido a renovar ninguno de los  partidos en el poder en las últimas décadas… un problema ya endémico, lastrado por continuos errores que no hacen más que confirmar su triste fracaso los informes PISA anuales.

Paralelamente, los sesudos mandamases se afanan en privatizar las escuelas públicas. Desoyendo los informes que indican la necesidad de fomentar una educación de calidad que revierta en un futuro optimista para nuestro país. Un horizonte en el que no sólo exista una cultura por el ladrillo, la especulación, o el éxito del rico espabilado. El listo sin educación al que siempre se le ha puesto alfombra roja en este País. Aquel que evolucionó desde el germen de los primeros empresarios charlatanes de los sesenta -encarnado magistralmente por Pepe Sancho en el personaje de Don Pablo-, personajes avispados para los negocios, con nula capacidad de empatía hacia el prójimo, escasa educación y modales pero un señor hecho a sí mismo.

Se fomenta con esta privatización, como decía, la segregación social. La separación entre las clases pudientes que con posibilidades económicas puedan acceder a una educación en la que puedan mezclarse con sus congéneres. Obligando a los más, a diluirse en pequeños guetos de clases menos afortunadas. Sesgando poblaciones, separando a los que se decide que no merecen igualdad de condiciones, apagando oportunidades de superación que redundarían en el beneficio común. Una sociedad más preparada es una sociedad más justa.

El panorama eclipsa cada vez más futuros, y encaminan a una gran parte de la sociedad a buscar aire desesperadamente de cualquier manera (esto sí es peligroso). El gobierno, corto de miras y supeditado al yugo europeo, privatizando a quemarropa,  castrando la educación de sus hijos olvida que como bien suplicó esta alumna de selectividad, se trata de la herramienta más poderosa de cambiar el mundo.

Hace menos de un mes vimos una representación de esta juventud saltar a un campo de fútbol en Gran Canaria. Juventud que danza sin escrúpulos bajo el oropel del estado de bienestar, la generación de los ipads y ropas de marca que no estudia y no se siente en la obligación de justificarse. Esas generaciones son las que hoy, bajo el disfraz de los tatuajes y músculos, mañana tendrán la edad de coger las riendas. Una responsabilidad en la que no están siendo preparados, de la que no están recibiendo la educación adecuada.

Quizás es el momento de juntar voces y obligar al Gobierno a rectificar, antes de que sea demasiado tarde. La educación es prioritaria. Si recortamos en educación, esta brillante alumna como muchos otros, quizá no tuviera opciones ni garantías de una educación digna.

A mi cabeza se asoman sabias y preciosas palabras de Antonio Machado que bien se podrían aplicar en este contexto. Y es que hoy es ahora, pero mañana un día también será hoy.

Hoy es siempre todavía, toda la vida es ahora, y ahora, ahora es el momento de cumplir las promesas que nos hicimos. Porque ayer no lo hicimos. Porque mañana es tarde.
Antonio Machado


- Documental realizado mediante crowdfunding en relación a la educación pública. ¿De tod@s para tod@s?
- Noticia vista hoy 9/07/2014 sobre las deficiencias en estudiantes españoles Compresión de alumnos en el informe PISA

Niños a punto de marchar a la escuela. Varanasi, India.
Agosto 2011. La isla sin Camarón.

Parque Leoncio Vidal. Santa Clara, Cuba.
La isla sin Camarón. Septiembre 2012.


domingo, 8 de junio de 2014

La voz de Julieta. Capítulo 1º

Crítica política de vocación, mordaz e incansable, Julieta llega a una edad moderada con cierta repercusión mediática en su provincia. Sus columnas de opinión son cada vez más tenidas en cuenta por los diferentes partidos políticos que tratan en vano de manipular su discurso.

Volcada en un trabajo que le roba demasiadas horas de una vida veloz se olvida de los detalles; concentrando su atención en los hechos del entorno por encima del quehacer familiar. Sus hijos crecen sin su permiso. Su hogar es atendido por otros. Sus sueños de juventud se van apagando en cada cana y arruga que rodea su mirada.

Con el invierno, una sacudida la despierta en plena madrugada. Su cuerpo estremecido tiembla y su cabeza hace vanos esfuerzos por recuperar la normalidad. Las siguientes horas son una desgarrada lucha por entender, un combate incomprensible por no abandonar la consciencia y mantener la cordura. Con la luz de la mañana se apagan sus ojos y se olvida del mundo que la ha acompañado las últimas cuatro décadas.

La preocupación crece en su entorno. Los especialistas que estudian el caso no atinan en un pronóstico. La familia desconcertada se sumerge en tristeza aferrándose a las olvidadas veleidades. Las horas dejan paso a los días que lo envuelven todo en un clima extraño de cotidianeidad ficticia.

Siete eternos días después, mientras su marido ve las noticias en la televisión de pago de la clínica, Julieta despierta de la misma manera que se había marchado. Inesperadamente.

Callada y fiel a su papel de observadora del mundo trata de ordenar el puzle de los hechos, pero el volumen de las noticias locales la enredan. Un cambio de rumbo en el gobierno la obligan a, con un esfuerzo excesivo, incorporarse para escuchar mejor. Su marido sorprendido la abraza. Durante algunos minutos el milagro es maravilloso. No se atisban daños secundarios. Hasta que Julieta, con una sonrisa separa los labios y quiere agradecer todo lo que presupone han sufrido por ella. Preguntar por sus hijos. Saber que ha pasado en el contexto social y político...

Coge fuerza nuevamente, pero esta vez desde el estómago y sólo escucha un insignificante graznido. Ni siquiera está segura de haberlo escupido ella. Se concentra y hace una tercera intentona. Nada.

Parece como si la vida le estuviera arrebatando su capacidad de habla, su bien más preciado. Como si se le hubiesen gastado las palabras de tanto usarlas... pudiera ser viniendo de ella.

A las pocas semanas y ya en casa se prepara el desayuno y al coger la cafetera se escucha pronunciar: "café de Colombia". Esperanzada por su mejoría vuelve a intentar disparar sonidos. "Aguacate, torrija, avestruz...". Parecen bien pronunciadas pero no en su contexto.

Extrañamente nunca ha olvidado lo que es cada cosa. Recuerda lo que aprendió pero no sabe ponerle nombre a nada. Las palabras danzan a su antojo en su memoria no siendo capaz de ordenarlas correctamente. 

Desconcertada por la crueldad del destino, la inclasificable aventurera de las letras comienza a crear un lenguaje único. Cuando quiere algo lo señala acompañándolo de lo que sale por su boca. Si quiere un poco de pan, mirándolo puede decir "manifiesto... o garrapata". Cuando alguna vez se aventura a coger el teléfono es capaz de responder con un "bésame la sinergia". Y si lo que quiere es desearle buenas noches a sus hijos; estos ya han comprendido que su traducción es "España va bien".



Fin del primer capítulo


Para que el sol continúe dorando la piel en nuestro afortunado paraíso, por mantener nuestra única tierra limpia y seguir disfrutando sus virtudes naturales. 
NO destrocen nuestras islas jugando con el oro negro, hay cosas que no tienen repuesto.

El Hierro, Tamaduste 2012. La isla sin Camarón.

Atardecer en Faro Pechiguera, Playa Blanca.
Lanzarote 2008. La isla sin Camarón.
Cruz en Sta. Brígida, Gran Canaria 2013.
La isla sin Camarón.
Confital, Gran Canaria 2012. La isla sin Camarón.

Faro Fuencaliente, La Palma 2008. La isla sin Camarón.


martes, 20 de mayo de 2014

Historia de besos

Los besos no se reciben, ni se dan. Acaso se sienten, disfrutan. Nacen espontáneos y se enredan versados con vidas que suceden a otras. Emergen de la vida mirando a los ojos.

Un beso olvidado, se encuentra perdido en el tiempo. Un beso con remitente en la deriva. Se apaga lentamente si no lo buscas, capaz de encandilar a quien lo desea y se sumerge en fantasía de espera.

Un beso que huele a flor de almendro, y sabe a canela y limón. Beso seco, metalizado. Húmedo, solitario, eterno, disconforme, finalista e invisible. Según se posa, explota mudo sin anunciarse en sueños alegres, cariñosos, en sueños carnales, libidinosos.

Besos paternales, según remitente. Besos que se dan en la lejanía, con letargo, amagando al destino. Besos que se mezclan con suspiros o se atragantan como nudos marineros. Al aire, silenciosos.

Besos que huelen a sol, sal y picón. A sudor y carne. A mojo, tortilla de papas y se maridan con vino del norte. Rimbombantes, con escalas de puntuación, picantes o babosos. En la espalda, en la monástica frente, la corva o en el interior de los muslos. Se piden despectivamente al final de la espalda y se dan con cariño en la mejilla.

Los hay que se dan con palabras, envueltos en sobres y mecanografiados, con aroma a lágrimas y perfume.

A despedida o desplegando las alas del recién llegado. 


Amores perros - Besos animales de la jefa de la calle.
LISC - Mayo 2014


jueves, 8 de mayo de 2014

¿Ya lo pensaré mañana?

Resulta bastante curiosa la amplitud de miras con que se observa el concepto de libertad desde determinados estratos políticos y sociales, especialmente cuando se la presupone englobada dentro de sistemas democráticos. Según la RAE, la libertad es la facultad natural que tiene el ser humano de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos; así como también la facultad que se disfruta en las naciones “bien gobernadas” de hacer y decir cuánto no se oponga a las leyes ni a las buenas costumbres. En cierta forma, es el estado o condición de aquel que no es esclavo. Por lo tanto, en democracia, recordemos aquella forma de organización social que atribuye la titularidad del poder al conjunto de la sociedad, supuestamente es el pueblo quien debiera ostentar la capacidad de decidir de manera consensuada tanto el camino como el sistema de vida al que quiere pertenecer.
Por ello suelo acoger con relativa sorpresa que no siempre se permita a un pueblo el poder decidir la forma de convivencia social en la que desea instaurarse, ni los mecanismos, derechos y relaciones sociales que regirán su futuro. Aunque es cierto que esta capacidad de establecer la configuración político-social y económica de un territorio recae en principio en aquellos elegidos por una mayoría, también es igualmente cierto que en varios de los casos dicha elección surge motivada por intereses concretos derivados de una corriente política establecida en un papel, dejando de lado el beneficio colectivo. No siempre es así, pero sí que ocurre a veces ¿no?
A mi juicio, existen claros puntos comunes que fruto en cierta medida de la lógica implican tratar de implantar mediante la cohesión social la conformación de un territorio en toda su extensión y amplitud, al abrigo de una serie de normas de comportamiento (que no doctrinas) que la protejan y la regulen. De hecho, en un mundo forzosamente globalizado como el actual, puede resultar interesante e incluso justificar un proyecto como el de la UE. Sin embargo, ha sido tras el padecimiento colectivo de una fuerte crisis financiera de consecuencias devastadoras sobre la economía real que aún perdura, cuando el proyecto comunitario nos ha venido a recordar a la ciudadanía en general que dicho movimiento “integrador” nació en el marco de lo que se denominó como Comunidad Económica Europea. En este sentido, si tenemos en cuenta que los “gerentes” de la Unión han establecido un sistema que más que aunar estados en un frente común, le han aportado un cariz de imperativo económico dándole más bien una apariencia de asociación de mercaderes, quizás los últimos acontecimientos puedan suscitar a algunos, como en mi caso, plantearse la pregunta de si realmente fue una buena idea su creación.
Parece evidente que a pesar del paso de los años los objetivos originales, y que le daban su razón de ser al proyecto de integración europea, no se han alcanzado del todo, pues a día de hoy aún no se ha implantado convenientemente ese anhelado mercado común en el que las personas (no solo turistas), los servicios, el capital y las mercancías circulasen libremente. Tan solo las mercancías gozan de este privilegio. Además, parece difícil alcanzar consensos comunitarios igualitarios cuando observamos como los acuerdos tomados por los Grupos de Trabajo de la Comisión o en el Ecofin, se asemejan más bien a sesiones de “intercambio de mercaderías”, en las que para acordar una concesión a un estado miembro, a estos siempre se les exige una contrapartida no necesariamente justa.


De esta forma, hemos asistido en el caso de España (aunque de manera bastante más sangrante en Grecia o Portugal), como tras el inicio de la crisis se han ido perdiendo paulatinamente y legado al abandono varios de los mecanismos de protección social de los que podíamos estar orgullosos de haber adquiridos a lo largo de los años, pasando a primar principalmente lo mercantil, favoreciendo además generalmente a determinadas élites. De hecho, da la sensación a veces que para no defraudar a nuestros amigos europeos, los pensionistas, los parados, los empleados públicos y la clase media deben llevarse la peor parte, en una aparente criba social en la que de forma relativamente indirecta se fomenta la desigualdad en una ciudadanía supuestamente con los mismos deberes y derechos. Mientras que, por su parte, el recorte del gasto (ciertamente obligado) se encamina principalmente a reducir partidas básicas, cuando otras quizás menos necesarias permanecen casi inalteradas o al menos no se las ha tocado como en un principio parecía más lógico debiera haber sucedido, como en el caso de las absolutamente sobredimensionadas empresas públicas.
Seguimos aumentando la brecha ya no solo económica, sino también sanitaria, alimentaria, etc., marcando una hoja de ruta que es posible que, como afirma un número creciente de economistas, perjudique al futuro crecimiento y haga menos estables, incluso, las teóricas expansiones económicas capitalistas. Por lo tanto, el propio modelo se convierte en un mecanismo para la desaceleración del dinamismo empresarial, el endurecimiento de las condiciones de trabajo de los asalariados, el freno a la innovación y la degradación de los servicios públicos.


Todo ello por mandato externo de organismos que a pesar de que parecen asegurar conocer los elementos necesarios para superar esta diabólica crisis, a fin de cuentas hasta la fecha no han conseguido excesivos triunfos con sus políticas, supuestos brotes verdes aparte. Sangre, sudor y lágrimas se mantienen como el recetario económico actual trasladando a los mandatarios europeos (a los que realmente deciden, de sobra conocidos) la potestad de dictaminar hasta lo más nimio de nuestras vidas. Por explicarlo de algún modo, da la impresión de pertenecer o pretender formar parte de un selecto club que actualmente funciona principalmente para recibir órdenes. Demos cuenta, en este sentido, que aunque estén todas enmarcadas dentro del denominado como el primer mundo, dentro de la Unión Europea, España compite frente a países cuyas sociedades carecen en muchos casos de derechos sociales, siendo su objetivo principalmente el tratar de imponernos su sistema de vida frente al nuestro.
Como nota positiva, es la sensación de que buena parte de la ciudadanía comienza a implicarse generando movimientos en los que al menos en apariencia parece se pretende reivindicar una verdadera mejora de la situación social, económica y política que vive el país, si bien siguen sin escucharse alternativas reales ni propuestas serias. ¡Qué recuerdos de aquel utópico 15-M! El descontento es evidente, otra cosa es que sea desoído. Sin embargo, también es cierto que se debe luchar por evitar que el derecho legítimo que subyace tras estos movimientos no sean aprovechados por determinadas minorías radicales para generar el caos formando campos de batalla con lo que tan solo se consigue desvirtuar los objetivos, acaparando luego además todas las portadas nacionales relegando a un segundo plano la importancia del movimiento.
Lo importante es crecer, pero no necesariamente bajo el concepto de aumento matemático sino en el de mejora y optimización. El dinero no es riqueza, es más debiera ser un medio y no un fin. Da la sensación, a su vez, de que a algunas generaciones se les ha dado ya por perdidas, victimas irremediables de una crisis que en cierta medida creo la anterior. En cualquier caso, lo que no se le puede quitar a la ciudadanía son las ganas de vivir, ni enterrar sus sueños en la oscuridad. Así que esperemos que al fin lleguen los ansiados brotes verdes, pero los de verdad, los que afectan a la economía productiva generada por el colectivo y quizás este 2014 no despida su paso dejando a una menguada población, un crédito aún menor, más deuda ni más pobreza.

 “Me interesa el futuro porque es allí donde pasaré el resto de mi vida”. Woody Allen, director, guionista, actor, músico, dramaturgo, humorista y escritor estadounidense


Escrito por Iván Monzón López.

domingo, 13 de abril de 2014

Desmontando primavera

Recuerdo la brisa marina del sur que me forzó a cerrar los párpados. El sabor del mar y mi mochila cargándose de un sol iracundo. Paladeo el áspero vino de Juansito en las noches preuniversitarias cuando repican las campanas británicas que anuncian el fin de una noche de pintas.

Repaso el primer libro que empujó algunas lágrimas sobre unas mejillas imberbes, aquella novela que ordenaban leer en la extinta EGB. Mi primer y antepenúltimo beso, la infancia, los Beatles, Sabina o Blur, Wonder, Rodríguez, Morrison o Vega… mis iniciales incursiones en la cocina mediante el mojo picón, o el frío de Guajara en la noche lagunera del turno de tarde.

Las imágenes, bajo un filtro vintage, se acumulan en mi cabeza sacudiéndose aleatoriamente con el despertar primaveral. Obligado a pasar una temporada en el sofá -afortunadamente desacostumbrado- revivo en los pasos de una vida optimista. Capitulo imágenes en pequeñas sesiones de sueño, hastío y decreciente dolor, custodiado por amor y gentes.

Y en continuas modorras incipientes el techo se desploma, se desvanecen los muros de mi cálido hogar. Se desfloran recuerdos de páginas escritas en mil historias condensadas en una simple vida que llega a un ecuador acicalado.

Recupero consciencia; empujo garganta abajo un calmante tras un buche de agua con gas y recuerdo que acostumbro a vivir siguiendo los latidos de mi pecho, por encima de los consejos de mi cabeza.

Miro el folio en blanco. Me animo a dibujar sonrisas que nunca olvidaré, personas que no se marcharán. Entra nuevamente un cálido sol por mi salón y apago el cerebro redescubriendo viejos discos que acercan lugares y momentos…


Aún sigo en uno de esos días de verano que duran más que en invierno.

Funambulista. El Médano (Tenerife). Marzo 2014. LISC

Se aconseja escuchar este enlace durante la lectura para evitar contraindicaciones...

lunes, 31 de marzo de 2014

Cuanto te has marchado

Sin dejar de mirarle a los ojos sirvió la copa de vino, como queriendo detener el tiempo. Saboreaba cada instante pues restaba poco en su compañía. Tratando de impresionarla, le dijo algo sobre lo que había pensado en su día acerca de que la belleza está en los ojos de quien observa. Evidentemente, al conocerla se desmoronó su teoría, su belleza estaba por encima de todo eso, cualquiera lo sabría con un simple vistazo.

Mientras, buscó el cálido manto que representa una caricia. En su lugar, afiladas y crueles palabras colocaron tierra de por medio.

De pronto, su cabeza dio un giro al que nunca conseguía acostumbrarse. Procuró mirar a otro lado pero ya era demasiado tarde. Trató con cierta dificultad decir adiós y se ahogó en su angustia. Intentó vanamente ocultar como su mundo se desmoronaba, esconder la triste manera de sentirse vacío cuando ya no existiera.

Aquella moderna cafetería se tiñó de azul oscuro mientras su mundo se sacudía y derrumbaba sin razón.

Al levantarse precipitadamente derramó el vino golpeando la copa torpemente, dibujando su relación en un segundo. Avergonzado, abandonaría la escena del crimen. Se dirigió hacia la puerta dejando caer infinitos besos nunca dados, sueños, sonrisas, futuro, lágrimas… amor.

El sol le engulló dejando unos ojos húmedos, erráticos, desconsolados. Al instante el sabor salado bajo por la garganta maridando a un caldo norteño. De un trago se lo bebió y lloró hacia el infinito sin importarle que la vieran.

En la mesa, una hoja de libreta arrugada mostraba con letra desordenada unas frases que bien podrían ser un plan… o no. Pagó y se marchó desapareciendo en el mismo cálido sol de media tarde.

El camarero, limpiando la mesa, recogió el papel y lo leyó en silencio tras la barra.

Los castillos que no convencen…
Duele más a mi manera…
Puede ser que llegue…
Que se queme la carne en la sartén…
Que me denieguen la dichosa ayuda de nuevo…
Saber que no es lo mismo que dos más dos…
Encarna se toca en el salón…
La canción aburre pero hay que continuar…
La mamá le suelta un bofetón…
Mentiras que se dicen con desprecio…
El alquitrán llega hasta la arena…
Y no saber si es verdad o no lo que te cuentan…
Sube el volumen para no escuchar los gritos…
Con desdén camina mirando el horizonte…
Saber que en Praga hay música no consuela…
Las maravillas que hace ese chico con el balón…
Porque quizás mañana no haya solución…
La belleza está en los ojos de quien observa…
No volverás a llorar sin motivos…
Te quiero. No importará lo que pase, yo siempre te voy a querer.



Imágen extraída del libro "La quimera del pan" realizada por el gran Himar Suárez.

viernes, 28 de febrero de 2014

Sonata para un buen hombre

Alto y desgarbado, de piel blanca hasta llegar a ser transparente, Leandro es un chico especial en su instituto. De pequeño se llegaron a plantear si sería un niño con carencias mentales. Pero sin hacer mucho ruido y de manera inexplicable conseguía aguantar curso a curso el ritmo de los compañeros de su generación. En su cara se podían observar multitud de lunares marrones que le conferían un aspecto extrañamente melancólico, era algo así como un animal de lunares en un cuerpo parecido al de la pantera rosa.

A todo esto había que sumarle una voz afrutada que parecía haberse detenido en los diez años y decidió no acompañar al personaje en su paso por la pubertad. Una vestimenta desaliñada e impersonal, sonrisa de ardilla y boca cargada de dientes que enseñaba sin rubor. Para ser justos también hay que decir que sus ojos, dentro de una cara pálida y punteada, destacaban por enseñar al felino que escondían.

Los últimos años de instituto los pasó tratando de ser invisible -algo bastante difícil pues atraía burlas cada vez que respiraba-, concentrado en entender porqué era tan diferente al resto. Fue habitual verle volar con la mente imaginando ser un miembro más avanzado de nuestra especie, una mutación futura de algo en lo que llegaremos a ser… tras mucho esfuerzo, claro. Pero la realidad era bien distinta; poseía una innata incapacitación para coordinar su cuerpo en realizar cualquier actividad física, de hecho en alguna ocasión era capaz de tropezarse consigo mismo.

En el silencio de su pubertad descubrió la flauta de pan -entre otros descubrimientos relacionados con su cuerpo y el deseo… pero esto ya es otra historia- de la que se enamoró a primera vista. Parecía haber nacido para soplar aquella vara con agujeros.

De manera autodidacta mejoraba a gran velocidad, saltando escalones por encima de sus compañeros del conservatorio, lugar al que le habían matriculado tardíamente sus padres al verlo tan ilusionado en algo.

Cierto día, su profesor de clarinete -instrumento al que pasó rápidamente debido a su mayor gama de colores- escéptico y humillado ante el artista al que poco podía enseñar ya le dijo que había sido tocado por los dioses. Y después de una insípida perorata acabó rogándole que se marchara de su aula pues le dejaba en mal lugar.

Corrió a casa buscando en un viejo libro una frase que le diera algún sentido a su camino.
- <<¡Aquí está!; …el amado por los Dioses muere joven>>, parecía estar advirtiéndole cierto poeta griego.

- <<De acuerdo…>>, agarró el clarinete ansioso y compuso su epitafio sonoro. Una melodía desgarrada, sincera, solitaria y única que apaciguara a quién la escuchase. Que lograra sacar todo lo bueno del ser humano fundiéndolo en un estado de serenidad eterna. Las notas iban saliendo de manera natural, sin presión y bajo unos compases continuos y embaucadores. A medida que pasaban los minutos sentía como si algo en su interior le avisara de que se trataba de una mágica fábula. Una composición jamás escuchada y que difícilmente se lograría igualar.


Finalizó exhausto, tras la media hora más fructífera de la historia de la música. Le dio al pause en su grabadora de mano y cayó en un largo sueño de felicidad. Sonriendo se marchó en ensoñaciones sabiendo con certeza que gracias a su sonata ya sería aceptado por el mundo: la música amansa a las fieras…

Jóven toca el sittar ante la mirada de su mujer e hijo.
India Julio 2011. La isla sin Camarón.

El de la imagen no es, evidentemente, el bonito ser parecido a la pantera rosa del relato, pero es que no tengo fotos de él porque sólo estaba en mi imaginación... ahora también en la tuya. 

viernes, 14 de febrero de 2014

Los 65 del flaco

Si les mento a un tal Joaquín Ramón Martínez Sabina, natural de Úbeda, es posible que no les suene de gran cosa. Pero si les hablo de Joaquín Sabina es más que probable que ya sepan a quién me refiero. Habrá algunos que ni aún así conozcan a este artista, pero a buen seguro hayan escuchado alguna de sus numerosas y exitosas canciones.

El caso es que este señor que me susurró en muchas ocasiones su música y del que una época llegué a aprenderme un largo puñado de sus temas, ha cumplido antes de ayer los 65 años. Aquella edad a la que Paul McCartney nos cuestionaba si seguiríamos siendo amados en la armoniosa When I´m sixty-four (¡ah!, que quiere decir 64... pues nada, disculpen mi osadía) y a la que Sabina tiene la fortuna de que le soporte la incombustible Jimena1.

Y que mejor efeméride que hablar de tal insigne personaje en este blog, que entre otras muchas razones toma prestado de un verso de la preciosa Así estoy yo sin tí su nombre (curiosamente escrita en la isla del Hierro, cuando Sabina era un hippie barbudo). Como ya dije en otra entrada (20 años sin el principe gitano), algún día quizás me arranque a explicar el nombre de este bitácora cibernético, pero eso ya es otra historia...



Foto: Javier Krahe, J. Sabina y Alberto Pérez. 
Cuando era más joven y viajó en sucios trenes que iban hacia el norte.

Para festejar la existencia del autor de tantas maravillosas letras, del etiquetado por algunos como el Quevedo contemporáneo, me apetece rescatarles una canción que me parece increíble y oculta además una bella historia a sus espaldas. Se trata de un tema que se escribió a partir de una carta que el subcomandante Marcos le hizo llegar a Joaquín Sabina en una de sus visitas a México. La carta, al igual que los versos que la acompañaban de puño y letra del insurgente combatiente, fueron recibidos con temor por un Sabina al que se encomendaba la difícil misión de completarlos y hacer con ellos una canción. En cierta ocasión, el cantante desvelaba que tardó años en abordar el trabajo, pues no se sentía capacitado a cometido de tal envergadura.

La historia de esta canción, así como el extracto de la carta y su bello motivo, lo puedes encontrar en este enlace: Carta del Subcomandante Marcos a Sabina. Y a continuación la letra definitiva del tema, dónde se perciben dos tipos de composición diferenciada; las tres primeras estrofas son del Sub. Marcos y las restantes de Sabina.


Como si llegaran a buen puerto mis ansias
Como si hubiera donde hacerse fuerte
Como si hubiera por fin destino para mis pasos
Como si encontrara mi verdad primera

Como traerse al hoy cada mañana

Como un suspiro profundo y quedo
Como un dolor de muelas aliviado

Como lo imposible por fin hecho,
como si alguien de veras me quisiera,
como si al fin un buen poema me saliera...
una oración

Como si la arena cantara en el desierto
los cantos de sirena del mar Muerto
Como si para crecer sobraran las escaleras,
como si escribiera un ciego un libro abierto.

Ven a poblar el zócalo de ojos,
siembra de migas de pan caliente
mis canas de alcanfor adolescente.

Ponle al sordo voz y alas al cojo,
bendice nuestro arroz, nuestro minuto,
como si no fuéramos cómplices del luto...
del corazón.



Mostrando lo poquito que le quedaba de su persona. Fuente: EL PAÍS
Celebrando pues su cumpleaños -sus cuarenta y veinticinco podría definirlo él-, su confirmado disco que en breve podremos escuchar, que hoy es 14 de febrero -San Valentín para los que como yo no prestamos gran atención a ese tipo de citas- y sobre todo, su mayor legado, que es su música y letras, les dejo con algunos enlaces más de canciones en los que se habla de amor/desamor y todas esas historias raras que van de la mano.


Y como dijo algún sabio, cuyo nombre me reservo; quise, me quisieron, dejé, me dejaron, reí, soñé, lloré, amé,... ¡¡pero sigo vivo!!

 
1. Enlace a fantástica entrevista de Juan José Millas a Sabina en la que al final aparece Jimena.

viernes, 7 de febrero de 2014

Letras en el atardecer

Sin previo aviso, mi cerebro me rescató cierta historia olvidada, cargada de la nostalgia familiar y pasión por las letras de las que tanto nos gusta escribir a los que de una forma u otra disfrutamos almibarando lo cotidiano.

Hace ya varias décadas fallecía mi abuelo prematuramente a causa de una fulminante enfermedad. Por aquel entonces yo rondaba la decena y mi visión no superaba la cintura de un adulto. Como muchos niños de mi edad, vivía feliz y absolutamente ajeno a desgracias, enfermedades o angustias existenciales. Mis argumentos vitales se centraban en aspectos muy primarios; jugar, no molestar excesivamente y ser educado con las personas mayores -en aquel momento se refería básicamente a todo el mundo-.

El hecho es que a mi abuelo le anunciaron un diagnóstico que derrumbaría al más optimista. Le quedarían mañanas, eso es cierto. Pero el pasado mañana no cabría en su calendario. En su caso sí que se encontraba a partir de ese día echando días para atrás.

Sin un futuro al que esperar, sesudamente planteó un presente poético. Con calma y acierto trató de encontrar lo más cercano al paraíso que había conocido en su dilatada existencia. Buscó con sencillez los lugares comunes en dónde fue más feliz y sintió más cómodo.

Tras un paréntesis de soledad y tristeza de la que nadie puede llegar a ser partícipe por mucho que se esfuerce, mi abuelo llegó a una firme conclusión. En silencio y casi sin destapar su plan final, sus pensamientos fueron siendo ordenados de manera natural para disfrutar de sus últimos meses como mejor sabía.

El primer paso que dispuso, era sencillo; deleitarse como siempre hizo de la compañía de su familia, aquellos por los que sin su amor no hubiera valido la pena pasar por este mundo. Sin hacer alardes excesivos continuó saboreando cada instante a su lado mostrando su humanidad, siempre que su cuerpo se lo permitía.

Al mismo tiempo, regalaría la mejor versión a su fiel musa, su compañera y amada esposa que nunca desfallecería a pesar de los envites. A cambio sabía que podría contar con ella y su eterna sonrisa en los momentos más crudos. Ella era su razón de ser.

Por último, sabiendo de su precariedad física, decidió tomar largo tiempo a su gran pasión: leer. Y leyó, vaya si lo hizo. Mi abuelo, tomó la noble decisión de disfrutar de aquellos libros que de alguna u otra manera le habían marcado su existencia.

Así, con un ritual que había ido perfeccionando a lo largo de décadas de extraordinario deleite, con un tiempo que decidió tomarse de premio a la vida, comenzó a paladear con calmada premura la literatura.

Cada tarde se acomodó en el viejo sillón del cuarto de estar. Aquel sofá de color verde y estampado de pajaritos que tantos atardeceres habían alumbrado sus ojos, dejando pasar el ocaso entre las letras de novelas de intriga y misterio. Dejaba caer su quijotesca figura cruzando una pierna sobre la otra. Metódicamente colocaba su gafas de vista y, con gesto tranquilo, quitaba el marcador del libro para regresar con pasión a su exclusivo mundo.

Comenzó por la estantería situada bajo la escalera. Quería rescatar de los anales de su memoria aquellos libros clásicos que una vez disfrutó pero casi no recordaba. La Odisea de Omero, el Decamerón, Dickens, Lorca, Cervantes o Quevedo.

En ocasiones hacía intervalos con novelas contemporáneas. Ahí se le podía incluso ver esbozar una mueca de satisfacción o fruncir el ceño intrigado con su temática favorita: la ciencia ficción. Poco a poco fue devorando gran parte de su extensa biografía de Isaac Asimov. A media tarde, y según iba finalizando libros, transitaba excitado a otras estantería situadas en diferentes estancias de la casa. Pasó por el cuarto de invitados, por el mueble del pasillo, la habitación azul y su estantería tras la puerta, y en cada una encontraba motivos literarios para volver a emocionarse.

Según consumía más literatura, su maltrecha salud se fue marchitando. Durante las últimas semanas debían llevarle a la cama los libros que deseaba zamparse. Pero hasta el último momento la enfermedad no fue capaz de robarle su hambre por las letras.

Es curiosa la manera en que funciona la memoria. Aún hoy recuerdo su mesita de noche con varios libros apilados esperando ser consumidos por él.


Según pude vagamente escuchar, desde los oídos de un infante que atiende fugazmente una conversación entre adultos algo así como: "fue una manera de entretenerse mientras estuvo enfermo". Yo sé que se trataba de algo más, de una manera épica y valiente de seguir viviendo. De hacerse eterno en las páginas de unos libros que le habían hecho vivir. De buscar lugares comunes en los que comenzar a descansar sin ser visto.


A mi abuelo. A quién aún hoy recuerdo llamarme con cariño "individuo en cuestión".

martes, 3 de diciembre de 2013

El club del beso

A unas manzanas de mi colegio se cruzó en mi tierno destino un lugar mágico de los que sólo se ven en los cuentos. Un extraño día me adentré en "El caballero de la triste figura", librería que por su aspecto es posible que la hubiera puesto en pié el propio Cervantes.

La primera impresión, tras cruzar su estúpida puerta averiada, no pudo ser peor. Entre libros desordenados , polvo y escasa iluminación se encontraba, tras un diminuto pasillo recargado de novelas de aventuras, atlas del mundo y libros de Carl Sagan apilados debatiendo las leyes de la gravedad, un desaliñado mostrador del que a modo de altar emergía un bajito pero carismático dependiente.

Pidiendo explicaciones con un inexplicable lenguaje gestual acerca de qué coño hacías en su establecimiento, mantenía un atractivo duelo de miradas. Parecía probar a cada visitante para saber si era lo suficientemente duro como para entrar en su establecimiento. Como al tiempo supe, este malas pulgas diminuto era el dueño y señor de aquel extraño espacio. Se trataba de un antiguo mando de las falanges aferrado a los tiempos de la opresión franquista. Su nombre, Don Celestino, poco o nada tenía de ver con su carácter. Tenía una cara redonda y carnosa, algo enrojecida, y unas horribles gafas que no conseguían disimular unos ojos bañados en odio. Su ropa era sencilla y siempre tuve la sensación de que sólo tenía una camisa con la que vestía a diario; una deslucida prenda azul cielo de blancos botones muy parecida a la que utilizaban los barberos en aquel tiempo.

Tras ver el panorama, en mi primera incursión, decidí que no entraría más en aquella cueva en la que habitaba un auténtico ogro. O eso pensaba yo.

Unos meses después, en el habitual recreo que yo malgastaba jugando a un deporte que sólo me ha regalado lesiones, me fijé en una conversación que tenían varias compañeras de clase que se encontraban a un lado de la cancha. Hablaban sobre un club al que hacían llamar: "el club del beso". En ese momento me pareció un club maravilloso al que quería pertenecer y más al venir de los labios de la que era mi musa infantil. Tan inocente que éramos… al menos yo, claro.
La curiosidad pronto se apoderó de mí y decidí averiguar que era todo aquello. Cómo podría entrar a formar parte de un club tan especial y didáctico. Así que fui a la fuente más fiable del momento, el tertuliano de hoy encarnado en un niño de nueve años, Manuel Antonio. Y no me defraudó…

-Lo siento pero no me creo que en la mierda de la librería de Don Celestino esté el "club del beso". Además ese tío sólo besaría al Caudillo si lo tuviera delante, le dije contestando al informador con el mismo vacilón con el que yo creía que me pagaba.

-Tío no seas ingenuo -sí, ya sé que parecen dos adultos charlando, pero es lo que tiene la memoria, que modifica algunos recuerdos… además de que éramos bastante maduros para tener sólo nueve años para diez- no van a dejar entrar al club a todo el mundo. Ese tipo, es como si dijéramos, el guardián del club. El dragón que custodia a las princesas de los cuentos. Además, no viste nada porque es en el sótano. Vete a media tarde y directo al sótano. Si te dice algo dile que te manda Manuel Antonio.

Al cabo de unos días me armé de valor y dirigí mis pasos al sótano de la vieja librería "El caballero de la triste figura". Entré, seguro de mi mismo y se interpuso en mi camino el enano dragón de camisa azul cielo sin mediar palabra. Silencio, duelo de miradas y suelto con titubeos: me manda Manuel Antonio.

-Coño con el niño maricón, otra vez mandando a gilipoyas. Pareces educado, ¿tú padre no habrá votado NO A LA OTAN verdad?
Agaché la cabeza y lo esquivé llegando hasta la puerta que comunicaba con el sótano. Me aventuré escalones abajo soñando con un mundo nuevo y mágico cargado de besos.

La estancia que me encontré fue una extraña composición. Por un lado estaban cuatro chicas de mi clase, las de mayor standing, Manuel Antonio y mi enemigo el señor S (omitiré su nombre por si se le ocurre tomar acciones legales) con el que mantenía una dura pugna en futbol. Y en el medio de ellos una señora de la alta sociedad muy, muy, muy venida a menos. Pensándolo mejor quizá fuera de la alta sociedad en otra vida.

Se trataba de la señora de Don Celestino, que era algo así como la gobernadora de todo lo que ocurría en el sótano. Doña Agustina -alias Doña Croqueta- era una romántica empedernida. También consumidora asidua de fármacos varios y novelas rosa a partes iguales. Había creado "el club del beso" para, según sus palabras: "…los chiquillos tengan un lugar en el que soltar tensiones a base de lengüetazos. Un rincón de desinhibición en el que darse el lote, morrearse o mojar lengua, como se quiera llamar…". Decía a menudo como si de un slogan publicitario se tratara.

Allí las normas eran directas y sencillas. Mientras Doña Croqueta leía algunos pasajes de su lista interminable de libros de ñoñerías, se acercaban unos a otros para darse un rápido piquito austero.

Auspiciaba la ceremonia desde una silla de mimbre, junto a unos libros apilados que hacían las veces de mesita para su ginebra con clipper de limón. Entre los libros, nunca olvidaré una serie de títulos que cambiaron mi vida a partir de ahí: El amor no es un juego, Una mujer inaccesible  o numerosas obras de Corín Tellado. Pero por encima de todos destacaba la obra que guiaba a la señora de la fritura: Regreso al hogar, de su idolatrada Danielle Steel. Esta obra la escuché durante todo el curso de cuarto de EGB de su viva voz. Como si estuviera en misa, seleccionaba pasajes o capítulos según fuera el caso.

A su alrededor, y bajo el manto de una penumbra que motivaba al descaro, dí mi primer beso. Ese día de iniciación nunca lo olvidaré. Me sentía como mi héroe de aquel entonces -Super López-, con energía suficiente como para cambiar el mundo (un mundo de nueve años, repito). Me senté junto a mi musa y amada en silencio. Al otro lado "S", incordiando como siempre. Siendo mi prueba de fuego no podía fallar. Me acerque con los ojos cerrados y le solté un beso a la piba que me supo a gloria. Al día siguiente Manuel Antonio (quién si no) me contó que ella se había movido y le había depositado un casto beso en la ceja izquierda. Pero aún así fue maravilloso.

La sesión duro unos escasos cincuenta minutos. Lecturas de la gurú Steel sin ningún orden, unas cuantas estupideces sobre como conquistar a un hombre de verdad y nos echaron de allí con un simple: ya está bien, lárguense a molestar a sus casas.

Ese mismo año el "Club del beso" se convirtió en el centro de mi vida. Llevaba un recuento de besos en la contraportada de mi libreta de religión. Si supiera el Padre Enrique de que se trataban los cálculos no creo que me hubiera seguido tratando como a un crío, pensaba yo cuando me echaba de clase por cuestionar si Dios está en todas partes…

Los cálculos aún los conservo:
- 37 sesiones.
- 1 beso en la ceja.
- 103 besos.
- 3 intentos de beso de Manuel Antonio.
- 1 tocada de culo de Manuel Antonio.

Pronto, el club del beso comenzó a ganar fama entre los alumnos de mi edad. Pero los miembros iniciales seleccionaban con mimo a los miembros. Debían ser guapos y populares, o por el contrario debería existir alguna atracción por parte de alguno de nosotros. Esta norma se la sacó de la manga la Sra. Croqueta. Así fue como entendí que Manuel Antonio me invitó a participar.

En los buenos tiempos llegamos a ser ocho personas. Sin contar a la oficiosa anfitriona. Besos cada vez más perfectos. Risas y vaciles continuos a Doña Croqueta. Incluso en navidad nos permitimos probar un sorbo del repugnante brebaje que activaba la lengua de la gran dama. Éramos los miembros del club de niños de nueve años más elegante de la ciudad. Nos sentíamos unos afortunados hasta que llego el día temido.

Manuel Antonio debió cambiar de colegio al final de ese curso y fue el fatal preludio de lo que inevitablemente sucedería durante el verano. Aquel gnomo con escasa vocación de librero cerraba las puertas del paraíso a un grupo selecto de afortunados. Su jubilación precipitó el final del ciclo más húmedo de nuestras vidas. Ya nada volvería a ser igual.


Por mi parte, prometí estúpidamente no leer jamás a Cervantes… que culpa tendría él me pregunto yo ahora. Aún hoy paso por la manzana dónde antes hubo una librería de mierda que en su interior ocultó el más bonito club y me parece oír a la gran Croqueta en una lejana letanía temporal… "déjalos entrar Celestino, los chiquillos necesitan tener un lugar en el que soltar tensiones a base de lengüetazos"…

Trinidad. Cuba. 2012
La Isla sin Camarón
Pd: como no tengo a mano ninguna foto de mi infancia. Les adjunto una mía a caballo simbolizando como nos vamos alejando sin darnos cuenta de la infancia y los sueños de niñez, y bla bla bla.

viernes, 29 de noviembre de 2013

Desobediencia civil.

Desde hace algunas décadas el sistema instaurado en los países capitalistas ha propiciado el enriquecimiento de una parte de la población ante la pasiva actitud del resto. El desarrollo del estado de bienestar ha conseguido que las poblaciones de estos territorios pudieran acceder a derechos básicos que, previo al desarrollo industrial, se concebían como una utopía.

Este anhelado estado de bienestar, obtuvo avances sociales, insospechados hasta ese momento, en asuntos relacionados con la sanidad, la educación, el empleo o la vivienda entre otros. Pero a su vez, con el paso de los años y afianzamiento de este sistema, ha sido caldo de cultivo para aquellos que han visto la oportunidad de, por medios poco lícitos, no conformarse a comer de menú como el resto de comensales. Esta nutrida estirpe social (diminuta si la comparamos porcentualmente con el resto de los humanos) se emborracha vilmente con los dineros ajenos. Están encabezados por la clase política. Pero seguidos muy de cerca, y en ocasiones incluso más feroces, por numerosos colectivos: los financieros (banca, seguros, auditores, gestores), el clero, el poder judicial (jueces, abogados, notarios, y otros muchos del entorno), o empresarios, por citar los más hirientes por su falso status social. Los de falso status lo digo porque frente a sus cargos se les supone éxito y triunfo a la par, aunque no venga acompañado de la ética que deben llevar implícita.

A su vez, el resto de ciudadanos, vamos perdiendo poder adquisitivo, derechos sociales, empleo y hasta la dignidad en algunos casos. Despojados de viviendas, y en clara desventaja se palpa el drama social en cada familia.

En la otra orilla, la banca no cesa de exprimir a pesar de los demostrados hurtos continuos que han hecho. Los ejecutivos expulsados se van con millonarias indemnizaciones bajo el brazo. Roban a la ciudadanía, al Estado y demuestran seguir unos valores económicos insaciables.

Los gestores y grandes auditorías barren para el más poderoso, unos de los mayores culpables de la crisis mundial que estamos viviendo. Al igual que los seguros. ¿Cómo se justifican las catalogaciones dadas a innumerables corporaciones de demostrada insolvencia y dudosa reputación?

El clero, lejos de sufrir los envites del hambre y la escasez, multiplica sus riquezas, incalculables en todo el mundo. Cada vez más parecido a una empresa multinacional en su funcionamiento voraz abriendo más franquicias que el propio McDonald. ¿Dónde quedó la caridad cristiana?

El poder judicial, el más evidente. Nada de esto hubiera pasado si se hubiera aplicado las leyes, si se efectuara justicia. Cada uno de sus estamentos está salpicado hasta el tuétano de razones para desconfiar. Son parte fundamental en todo movimiento ilícito y sobre todo, en las continuas tomaduras de pelo al pueblo (véase las recientes amnistías). Leyes que se modifican en beneficio de los más poderosos o hacer la vista gorda han sido una constante en estas boyantes décadas que precedieron la crisis.

Y por último, el tejido empresarial, auténticos triunfadores y sinónimo absoluto del éxito social sin reparar en las formas. Licitaciones ilegales y evasión de impuestos son grandes logros del mejor empresario. Ahora, el Estado se tira de los pelos para traer las fortunas que depositadas en paraísos fiscales mientras antes se facilitaban los mecanismos para su expatriación. Destrucción del medio ambiente, estafas a gran escala, prevaricación, sobornos… mejor parar pues los delitos que aun se cometen pueden ser interminables. Moralidad cero.

A todo esto, parece que la población se ha quedado petrificada, incrédula ante la situación que nos ha tocado vivir. Mancillados, no reaccionamos. No somos culpables directos de la crisis pero si los que más la sufrimos.

Miramos hacia otro lado cuando nos cambiaron la legislación laboral, incentivando la precariedad laboral, abaratado los despidos e indemnizaciones, disminuyendo las prestaciones por desempleo, suprimiendo la ayuda de subsidio.

Hemos mirado para otro lado al recortarnos continua e impunemente derechos en materia de sanidad; creando el copago o disminuyendo los presupuestos sanitarios generando infinitas listas de esperas entre otros perjuicios vitales.

Hemos mirado para otro lado cada vez que sacan una nueva ley educativa. Leyes que en los últimos años han ido fomentando cada vez más, la segregación de clases sociales y colectivos, la privatización de la misma, y la inaccesibilidad de la clase media-baja a los estudios superiores y de postgrado.

Hemos mirado hacia otro lado cuando los bancos recibían insultantes cantidades de dinero para cuadrar sus cuentas mientras has continuado despojando a los ciudadanos del derecho a una vivienda. Mirándonos por encima del hombro y con los bolsillos llenos se jactan de crear normas a su antojo y controlar la justicia.

Hemos mirado a otro lado, cuando el político de turno se pasea con su vehículo de alta gama ante nosotros, que no tenemos empleo, seguimos perdiendo derechos y tal vez mañana no tengamos oportunidades. Llevamos años inútiles soñando que nuestro voto vaya a cambiar nuestra suerte. INGENUOS.

Por eso hoy y no mañana, pues puede ser demasiado tarde, debemos revelarnos. Hacerlo al fin de una manera que el Estado pueda entenderlo. Ya no basta con manifestarse, pues cada día hay más medidas para callarnos. No basta con rellenar folios como este que se queden en intenciones y sólo consiguen que apretemos los dientes mientras dure el enfado. Es el momento de levantarse y desobedecer. Desobedecer cuando nos sigan pisando. Desobedecer si nos mandan tragar y tragar mientras los que crearon todo esto siguen bailando.

Una manera podría comenzar con algo cercano. Sin grandes pretensiones pero que sepan que ya estamos hartos. Tal vez negándonos a pagar tasas abusivas como ha ocurrido en otros países europeos. Obligándoles replantear si pueden seguir exprimiendo al más débil. Negándonos a obedecer lo irracional. Comenzar a defender los derechos que nos van suprimiendo.

Estamos en el momento idóneo para luchar. Púes quizá mañana no tengamos por lo que hacerlo. Ocupar pacíficamente casas deshabitadas y cerradas por los bancos y sobre todo apoyar y defender al que lo haga. Organizarnos para no llevar a cabo normas abusivas. Presionar de manera subversiva a las administraciones, a los bancos, al Estado… no acatando injustas represalias, no abonando impuestos abusivos, no costeando las consecuencias de esta situación.

Como dijo Henry David Thoreau en su ensayo a la desobediencia civil: Bajo un gobierno que encarcela injustamente a cualquiera, el hogar de un hombre honrado es la cárcel.

 Obliguemos al Estado a rectificar. Volvamos a ser un pueblo generoso demostrando que el poder es nuestro. 


miércoles, 30 de octubre de 2013

Shanghái

Llego con la fuerza de millones de palmas que señalan el epicentro de la economía del país, la capital financiera. La ciudad es un cúmulo de contradicciones, plagada de cromos antagónicos y fotografías que trato de quedarme para, un día cualquiera, regalar a quien quiera escucharlas. Pero ante todo, me lleno de momentos con los que sentirme más unido al mundo o a la realidad. Es imposible tratar de entenderlo todo pero no cejo en el empeño.
Barrio financiero y río Yangtze desde el Bund.
Octubre 2013. La Isla sin Camarón.
La metrópolis sazona las tradiciones con tecnología de vanguardia. Como un alquimista, trata de salpimentar la poción urbana de culturas europeas, americanas, modernidad o historia ancestral. De sabor oriental comprometiendo el futuro del medio ambiente. De edificios que tocan el cielo y desaparecen entre las nubes de polvo. De ríos púrpuras de neón reflejado, plagados de vida en largos hervideros serpenteantes de naves que transportan pescadores, comerciantes y turistas en constantes oleadas.

En los barrios, los rebaños se acumulan atolondrados e inertes esperando que la luz verde empuje sus cuerpos a la vida. Taxis, gritos, regateos, empujones, metros, consumo, horarios.

Sus habitantes se jactan de ir dejando atrás al país avergonzado y retrógrado. Sonríen con orgullo al ver sus mentes abiertas, su optimismo empapado de influencias occidentales del foráneo, aprender idiomas antes impensables, a codiciar el consumismo occidental, absorber turismo y sacar tajada, a querer sentirse uno más en la fiesta...

Curiosa imagen al ver como en una ciudad de 20 millones de habitantes, aún hoy, en las diminutas y pobladas viviendas de los barrios más pobres se tiende la ropa en las aceras, entre farolas o arbustos. Sin miedo al robo pues se tiene la certeza de que esto trae mala suerte.

En la calle comercial más importante de una de las urbes con mayor población del planeta, llamada  Nanjing, puedes tener la suerte de encontrar chinos que escapen del mandarín y te hablen en un inglés básico. Incluso algún buscavidas te lanzará algunas frases o palabras aisladas en tu idioma, si se trata de un comerciante audaz. A su vez, también con algo de fortuna, encontrarás personas paseando tranquilamente en pijama entre el gentío y bullicio continuo. Ante mi asombro me entero que hace siglos, era un signo de poder y fortuna usar pijamas pues no eran accesibles a todos los bolsillos. La naturaleza del ser humano es inescrutable, pues las prendas con los que se pavonean estos ciudadanos se acercan más al algodón o franela que a la codiciada seda oriental.

Los parques son curiosos remansos de paz, en medio de calles en las que en ocasiones es imposible andar. En ellos la población disfruta de cualquier actividad en armonía y en grupos numerosos. Tai chi chuan, bailes modernos, terapias de relajación, cantos, artes marciales, comidas esporádicas o cualquier actividad que se pueda practicar al aire libre se muestran sin pudor ante la normalidad aparente del peatón.
Influencias europeas.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Jardín Yu. Octubre 2013.
LISC. Shanghài.
Barrios gestados por ricos comerciantes extranjeros imponen cromáticas creaciones arquitectónicas que viajan a países lejanos y otros tiempos más florecientes. Según el prisma, París o Viena, Londres o una pujante ciudad del norte de EEUU. Incluso animándote a bailar al vaivén que marca el río Yangtze puedes ver un infinito escaparate de rascacielos que nada tiene que envidiar al famoso Sky Line de la gran manzana.

En las vías secundarias del centro conviven, al amparo gubernamental, los comercios de imitaciones de grandes marcas mundiales. Atrayendo al turista a un suvenir que nada tiene que ver con el país o sus riquezas culturales/históricas.

Las sombras de la noche, dejan entrever miedos y desengaños de una población saturada. Paralelismos entre creencias como el budismo o las tradiciones culinarias, asemejan a ciudades hindúes atestadas de polución, gentes y desigualdades.

La belleza de la ciudad asombra al doblar cada esquina, colosal, llena de vida y multicolor. Cuidando los detalles virtuosos orientales y respetando las formas. Pero tras sus telones también hay una sociedad que libera un animal que se aleja con odio del pasado y del resto de la nación. Que devora sueños de millones y también crea fortunas. Una ciudad que sueña en colores de neón, susurra al oído de los dioses y se levanta con aspiraciones de hegemonía comercial mundial.

Rascacielos que desaparecen en el infinito.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Calle Nanjing, masificada. (23:00 p.m.)
Octubre 2013. LISC. Shanghài.
Comercios orientales en cualquier calle de la ciudad.
Octubre 2013. LISC. Shanghài.